Nuevos estudios sobre historia y cultura de la meseta collavina



Escribe: Feliciano Padilla | Cultural - 23 ago 2009


La meseta del Qollao caracterizada por la presencia del Lago Titicaca, un ecosistema muy peculiar y la presencia de seres humanos inteligentes y creativos dio lugar a la organización de diferentes grupos étnicos y al florecimiento de culturas de alto grado de desarrollo como Qaluyo, Pukara y Tiwanaku, que han sabido vencer la altura, el frío y domesticar animales, peces y plantas con el apoyo de una tecnología que, hoy, se constituye en la admiración del mundo.

Este nuestro rico pasado ha sido abordado a partir del siglo XVI, desde los primeros cronistas hasta los investigadores de la época contemporánea, como por ejemplo: Pedro Cieza de León, Garci Diez de San Miguel, Ludovico Bertonio, Cristóbal de Miranda, etcétera y, en la época moderna por Waldemar Espinoza, José Matos Mar, José Tamayo Herrera, Jacobsen N., Jorge Mariano Cáceres-Olazo y José Luis Renique, solo por citar algunos estudiosos importantes.

El Congreso de Americanistas No 51 de Santiago de Chile (2003), por la importancia de las culturas desarrolladas en el Qollao incluyó en su agenda de discusiones el tema de las culturas de nuestra meseta, principalmente, de las desarrolladas en el área circunlacustre. Los Congresos Internacionales de Americanistas vienen desarrollándose desde 1875, fecha en que se realizó en Francia el primer Congreso Internacional de Americanistas.

El presente libro titulado “Cultura, Historia y Sociedad en la meseta del Qollao” está organizado por las memorias de la Mesa de Trabajo que llevó el mismo nombre en el LII Congreso Internacional de Americanistas realizado en Sevilla- España, en el año 2006.

Las memorias contienen diferentes ponencias presentadas en dicho certamen académico, relacionadas a: folklore e identidad, movimientos políticos y campesinos, literatura y arte, historia y población y, un conjunto de resúmenes de ponencias que están al final del libro, a guisa de anexos.

La primera ponencia corresponde a nuestro apreciado amigo Jorge Flores Ochoa que lleva por título “La virgen de la candelaria en la ciudad de Puno”. Lamentablemente solo está el resumen, aunque nos previene que el estudio muestra comparativamente el proceso de la celebración de la Virgen de “La Candelaria” en un período de sesenta años.

La segunda ponencia le pertenece al investigador Jorge Mariano Cáceres-Olazo Monroy y titula: Una década de confrontaciones Iglesia Estado: Puno 1860-1870. Volveremos sobre este tema un poco más adelante.

La tercera ponencia es de Annalyda Álvarez-Calderón y trata sobre las movilizaciones políticas de indígenas puneños de principios del siglo XX.

La cuarta ponencia corresponde al Dr. Juan Luis Cáceres Monroy y lleva por título “Orkopata y el nacimiento de la poesía indigenista”. Se trata de una reproducción remozada, corregida, de su famoso trabajo anterior titulado “La poesía indigenista en Puno”.

La quinta ponencia es presentada por Pedro Seijas Mogrovejo y trata de “Las Corrientes Pictóricas del Altiplano Peruano: Etapa republicana”.

La sexta ponencia de Waldemar Espinoza Soriano aborda el tema de las migraciones internas en el reino Qolla, que es un extenso trabajo en el que se nos informa acerca de mitimaes que el Estado Inca destinó al reino Qolla, donde fue evidente la presencia de dos nacionalidades, la aymara y la puquina o Qolla, en cantidades equiparadas. Luego de la derrota de los qollas por parte del Inca Pachacútec, se produjo el traslado de grupos quechuas a esta zona y de grupos qollas a Codensuyos (Arequipa). Los qollas solían retornar en épocas especiales a sus lugares de origen. Estos movimientos poblacionales produjeron, necesariamente, una serie de transformaciones en el desarrollo de la cultura collavina.

La séptima ponencia de Soléne Billaud habla sobre la actualidad y memoria de los antiguos terratenientes puneños y sus descendientes que hoy tienen presencia y ocupan altísimos cargos en las diferentes ramas de nuestro desarrollo social.

La última ponencia titula “Mientras Puno danza Juliaca avanza” y pertenece a Cecilia Bordas, quien hace un estudio comparativo de carácter histórico, poblacional y urbano de ambas ciudades, a partir de un análisis de su desarrollo económico, social y, particularmente, de sus festividades religiosas.

Finalmente, se presentan en el libro algunos resúmenes de ponencias muy importantes, cuyos artículos, me imagino se presentarán en otro volumen. Nos agradaría, por ejemplo, conocer el trabajo de Jorge Flores Ochoa, por referirse a la “Fiesta de la Candelaria”.

Nos detendremos en este tramo para dar información acerca de la ponencia del Dr. Jorge Mariano Cáceres-Olazo Monroy, cuyo título es “Una década de confrontaciones Iglesia-Estado: Puno 1860-1870”. Quisiera empezar indicando que ningún trabajo anterior desarrollado por estudiosos de la materia se ocupó de este tema tan espinoso como importante.

En general tenemos la creencia de que las relaciones entre el Estado y la Iglesia siempre han sido cordiales; que no existió fuertes contradicciones entre ambas instituciones, aunque uno recuerda o sabe de algunas asperezas que estas han tenido a lo largo de la historia. Sin embargo, la investigación del Dr. Jorge Mariano Cáceres-Olazo nos permite conocer a fondo esta década confrontacional. Para ello, el investigador utiliza una serie de métodos relacionados con la sociología y la antropología, como el análisis, síntesis, inductivo, deductivo, el método histórico-lógico y la teoría de clases sociales.

El Dr. Cáceres-Olazo Monroy, en aplicación exacta de los métodos señalados, reconoce que las discrepancias tuvieron causas económicas, las mismas que tenían que manifestarse en la capacidad de decisión en aspectos propios del escenario político y religioso que permitiera definir el predominio que se da en las relaciones Estado- Iglesia.

Se conoce que en aquella época el poder del Estado se sostenía en la feudalidad y el sector financiero incipiente. En este mismo tiempo, en el Departamento de Puno disminuyó la importancia de la minería debido a la gran producción de lana y fibra de alpaca de la Región, que impulsaron la presencia de casas comerciales inglesas. Este hecho generó cambios en la estructura social del Departamento, fortaleciendo la gran propiedad de la tierra en pocas manos y un desarrollo basado en la penetración del capital en nuestra zona. Sin embargo, en Puno, nos sigue hablando el Dr. Cáceres, la grandes propiedades o haciendas pertenecientes a ciudadanos particulares y a la iglesia, seguían siendo la base del poder económico y político. Por ejemplo, afirma que, en Azángaro, por el año 1829 existían 110 haciendas, de las cuales 70 pertenecían a particulares y 40 haciendas a la iglesia; pero, la dinámica del proceso social hizo que las haciendas de la iglesia disminuyeran ostensiblemente en comparación a la etapa anterior.

Una de las causas del decrecimiento de las haciendas de la iglesia de Puno fue que estas pertenecían a los obispados de Cusco y la Paz, por lo que, las haciendas eran administradas por particulares procedentes de Arequipa, Cusco y Bolivia. Muchos de estos administradores se convirtieron, con el tiempo, en grande hacendados, incidiendo en la disminución del poder de la iglesia.

Otro aspecto que resaltar fue la lucha entre conservadores y liberales, vale decir, entre hacendados de vieja tradición y hacendados de “nueva mentalidad”. Estos hechos tenían que influir más temprano que tarde en la capacidad de decisión que debían tener el Estado y la Iglesia en temas del ámbito político y religioso. Un episodio acaecido en la ciudad de Puno dio lugar al deterioro de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, porque funcionó como factor condicionante de controversias posteriores: En el año de 1862, el Prefecto de Puno coronel Eugenio Escobedo derribó los muros perimétricos del cementerio que rodeaba a la iglesia matriz de nuestra ciudad, que en la actualidad es la catedral, se dice, para ampliar la plaza mayor, construir una recova y dar mayor prestancia a Puno. El párroco Lucas Toro asumió la defensa de la propiedad eclesiástica y denunció ante el Provisor y Vicario del Departamento, que el Prefecto había actuado sin sujetarse a “los sagrados cánones ni a las normas de la república y, menos aún de su autorización porque estaba de viaje a la parroquia de Putina”. El Prefecto, calificado de liberal por el investigador, con el fin de justificar su actitud, indicó que el lugar intervenido funcionaba como depósito de basura, situación que ya no se produciría con la construcción de una galería portal del templo. El Provisor Francisco Cabrera consideró la acción del Prefecto como un despojo de los sagrados derechos y privilegios de la iglesia y que tal acto constituía un atentado contra las “leyes canónicas, naturales y civiles”.

Esta controversia duró la década 1860-1870. Conmovió fuertemente las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la misma Lima, capital de la república, y se amenguó gracias a la intervención durante varios años del obispo de Puno Juan Ambrosio Huerta, aunque quedó mermado el gran poder de la Iglesia.

En 1861 se crea el Obispado de Puno por bula del Papa Pío IX desmembrando parroquias de las Diócesis de Cusco y La Paz.

En 1862 fue nombrado el Dr. Mariano Chacón Becerra como primer obispo de Puno, pero renunció al cargo aduciendo avanzada edad. El presidente Ramón Castilla aceptó la renuncia.

En 1864, Juan Ambrosio Huerta fue nombrado obispo de Puno por el Congreso de la República y, como se dijo, tuvo gran protagonismo en las contradicciones de la Iglesia y el Estado, en la década mencionada,

Durante estas confrontaciones entre la Iglesia y el Estado se levantaron una serie de movimientos campesinos en los que tuvieron ingerencia los conservadores representados por hacendados y la iglesia y, los liberales, representados por personajes ligados igualmente a la gran propiedad de la tierra, pero, con criterio avanzado de pensamiento y acción. Un ejemplo de este hecho fue la participación de los coroneles Narciso Aréstegui y Juan Bustamante, Prefectos del Departamento, a favor de las rebeliones indígenas. La investigación destaca la participación de Juan Bustamante, quien creó “La Sociedad Amigos de los Indios”, participó directamente en la rebelión y fue asesinado por orden del coronel Recharte, el mismo que actuó con crueldad y violencia contra Bustamante y las poblaciones indígenas.

Hay un episodio histórico que retrata de manera objetiva hasta qué punto llegó el grado de confrontación entre la Iglesia y el Estado. Se trata de la actitud del Prefecto que en 1869 impidió la realización del jubileo (ritual multitudinario católico) en la ciudad de Puno porque carecía de la autorización del gobierno. Fue una actitud más que deterioró las relaciones entre estas dos instituciones.

En 1870, el obispo Juan Ambrosio Huerta, a su regreso de Roma y desde Lima levantó el “entredicho” sobre la catedral y demás templos (motivo, también, de las confrontaciones), sustituyó al Vicario de la Diócesis de Puno que el Estado vio con buenos ojos. Lógicamente, estos hechos mediatizaron aquella contradicción y empezó una nueva etapa de calma y estabilidad.

De esta manera, el Estado adquirió mayor ingerencia en la capacidad de decisiones sobre la iglesia de Puno. El Dr. Cáceres-Olazo, a partir de estas confrontaciones, caracteriza a Puno de esta década, como una sociedad clase estamental, en la cual las disputas por el poder se dieron entre quienes ocupaban las altas esferas del poder económico, político, administrativo y religioso, y no entre clases sociales antagónicas.

En conclusión se trata de una investigación rigurosa y de gran credibilidad, por cuanto las fuentes utilizadas son el Archivo General de la Nación, el Archivo Regional de Puno, el Archivo Arzobispal de Lima, testimonios y fuentes bibliográficas serias.

Termino este breve artículo felicitando al Dr. Jorge Mariano Cáceres-Olazo Monroy por presentarnos esta investigación y por haber sido el editor de la obra titulada “Cultura, Historia y Sociedad en la Meseta del Qollao”, cuya lectura nos permitirá conocer mucho más nuestro pasado y nos nutrirá de la puneñidad que requerimos para materializar nuestros más altos ideales de desarrollo social.



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