Viernes 03.09.2010 | Actualizado 07:24 (hace 33 mins.)
La Fiesta de la Candelaria nuevamente concita este año, a no dudarlo, la atención y la participación activa de un público inmenso regional, nacional e, incluso, como se ha visto en otras ocasiones, extranjero; en circunstancias, ciertamente, muy difíciles para la región por las lluvias torrenciales y el desborde de ríos que están afectando despiadadamente en especial a seres humanos, plantas y animales del medio rural, con pérdidas difícilmente calculables hasta el momento.
El sentido internacional de esta fiesta con dimensión no sólo religiosa sino también económica, social y cultural, se ha profundizado a raíz del reclamo de algunas voces del vecino país Bolivia con motivo del origen de La Diablada, danza altiplánica practicada en nuestro medio, como ha sido demostrado fehacientemente por diligentes y preocupados historiadores puneños, desde tiempos ancestrales; motivo que, como se sabe, encontró su disparador en la presentación internacional de nuestra representante de la belleza nacional, convenientemente ataviada con un estilizado traje de diableza.
La modificación de la ruta que han de seguir los danzarines el día de la parada constituye, sin embargo, el signo del carácter más social y cultural que está adquiriendo con los años esta festividad, a pesar de que la virgen sea trasladada al nuevo escenario dancístico, porque la idea es facilitar mejores espacios y comodidad a la gente que batalla por obtener una mejor mirada de los conjuntos. Pero ¿es posible esperar otra cosa en una tendencia social donde el esparcimiento de grandes y chicos y la explosión de la socialidad alcanza cotas inimaginables?
Monseñor Carrión más preocupado por la salud espiritual de una feligresía que reza y danza, pero que no sólo reza, ha invocado, con el estilo fuerte que lo caracteriza, el cuidado y el interés ético de la población para no dejarse seducir por el hedonismo desenfrenado, las pasiones y la lujuria que, en el sentido común de mucha gente, encontrarían en esta oportunidad más que motivos suficientes para ponerse en acto. La misma preocupación parece florecer en las autoridades sanitarias que no han tenido mejor idea que disponer el reparto masivo de condones, dizque para evitar contagios y otras cosas más entre afiebrados y urgidos amantes del sexo; provocando el enojo de monseñor quien no ha dudado en señalar a esta decisión como una suerte de conversión de la Fiesta de la Candelaria en una “fiesta del condón”, ante los estupefactos y sorprendidos escuchas que seguían el hilo de su disertación.
El problema es que lo social tiene reglas y procedimientos propios de construcción y manifestación, que responden a la necesidad histórica de cohesión social, identidad y reproducción social, que las normas religiosas muchas veces, como ahora, no logran entender ni menos asumir como una dimensión esencial de la vida humana, especialmente si las normas religiosas se proyectan sólo a la vida subjetiva interior de la persona y hacen de la fe la piedra angular de toda la actuación humana; una fe que en la hipervaloración del alma ha ninguneado al cuerpo y todo lo que con él se relacione, cuando el cuerpo debe ser pensado más bien “como una instancia generadora de un discurso no verbal, tácito, como un conjunto de prácticas que nos esforzamos por comprender” (Massimo Desiato, 1999: 7); siendo que, en consecuencia, la religiosidad tiende a expresarse no sólo en la comunicación íntima del sujeto creyente, con Dios, sino también a través del cuerpo biológico constituido en una “escenografía mínima para la gestación de una dimensión de la corporalidad que denominamos “histórico-social” y que si bien se relaciona en varios aspectos con la noción de “cuerpo vivido” empleada por la fenomenología existencial, se separa de ella en más de una ocasión” (ibid: 9). Es el cuerpo, en consecuencia, que danza para expresar un sentimiento, un propósito individual y social, un deseo, una utopía y, también, una creencia, en una suerte de corporalización de la creencia religiosa y de afirmación en un ethos social que escapa al corsé individualista introducido por la modernidad capitalista, interesada más bien en potenciar los esfuerzos individuales en los iniciales procesos de acumulación capitalista que necesitaban del sujeto personal, para tal fin, de un profundo ascetismo y capacidad de ahorro permanente.
En el mundo andino esta realidad es más evidente, porque allí, como muy bien y con mucha oportunidad escribe Feliciano Padilla, “la religiosidad andina es parte de su tecnología simbólica, en tanto está vinculada a la producción y al desarrollo...No sirve para explicar nociones metafísicas ni teológicas, sino, para producir una más completa armonía con la naturaleza” (Los Andes 31/01/2010). De allí que pensar en esta realidad desde una visión eurocéntrica fundamentalista, como lo hicieron los invasores españoles al venir a estas tierras, puede conducirnos, lamentablemente, por el tobogán de una neo extirpación de idolatrías, algo en lo que jamás se debería reincidir.
Expresemos, pues, nuestro profundo respeto y profesión de fe por la “mamacha” Candelaria. Los que desean, sólo con la convicción interior y el íntimo acercamiento a la divinidad, y los que no, con la fuerza colectiva de la música y la danza y la exposición de lo bello en su más amplio sentido sin, por supuesto, caer en exageraciones, tanto desde una u otra opción de religiosidad. El quid del asunto no está en los extremos sino en el punto medio, como dijo Aristóteles para referirse a la actuación humana.
El tema es la fiesta. Dentro de ella sucede muchas cosas, como hacer ceremonias o ritos, acompañado de bailes, cantos, oraciones, plegarias, etc. No olvidemos de las bebidas, la comida, la vestimenta, instrumentos musicales y muchas cosas más. Por otro lado, no olvidemos el concepto de sociedad: "agrupación de gentes Más » voluntariamente, con intereses comunes, segun normar...". La clave está en comprender estos interes de los individuos que participan de ésta fiesta. No se trata de oponer, sino de comprender nuestras actitudes.
como vailarin y observador me e dado cuenta que cuando lo hacia era solo por cuestion sosial si no observemos en la parada la gente se preocupa por darles trago a sus familiareS y si de fe hablamos miremos la prosecion y les apuesto que solo los que aconpañan Más » son las mismas personas de todos los años ¿Y EL RESTO? YA DEJERNSE DE HIPROCRESIAS Y REFLEXIONEN
Tremenda ensalada de desentendimiento, por favor columnista centrese mas en un punto de cuestion, comenzando del titulo empieza mal y disernimos con ciertas confusiones en el desarrollo de la noticia, para escribir concentrese primero si no quiere recibir criticas aberrantes.
El autor del articulo, no se deja entender, qué quiere explicar, cual es hipótesis... no lo entiendo. es una ensalada de todo. Pasa de antropólogo, de sociologo, de filosofo, de teologo, de filologo. etc.Parece que no ha entendido, que quien abarca mucho poco aprieta. Por que no traduce en español Más » para entenderlo.
TIO LUIS VILCATOMA,DEBES BAILAR POR LO MENOS LA DIABLADA, PARA OPINAR EL SENTIDO LA FIESTA, MIRANDO DE LA VEREDA SE PUEDE ESPECULAR SANDECES Y NO EN EL PUNTO PRECISO DE LA OPINION PARTICIPAR EN LA DANZA ES UNA COSA Y ESPECULAR ES DIFERENTE ,CONSECUENTEMENTE Más » BAILA Y CAMBIARAS EN TUS ESPECULACIONES DE TU APRECIACION FILOSOFICA CON RESPECTO A LA DIABLADA ES UNA DANZA DEL ALTIPLANO, COMO ACADEMICO SABES QUE PAISES LO CONFORMAN, EL ALTO PERU Y BAJO PERU, QUE POR VANIDADES Y ERRORES POLITICOS SE HA DIVIDO EL PERU Y HOY POLITICOS HABREN CORTINAS DE HUMO PARA DISTRAER A LA OPINION PUBLICA COMO BOLIVIA NO NOS VAMOS A PERDER EN EL TOBOGAN DE LA IDOLATRIA COMO MANIFIESTAS
NO SE PORQUE PIENSO Q ESTE SEÑOR NO DA PARA NADA EN EL CLAVO
Para estas elecciones regionales y municipales y referéndum FONAVI, que ...
¿Cree Ud. Que debe de convocarse a un referéndum para la exportación del gas natural?