Miércoles 08.02.2012 | Actualizado 23:00 (hace 25 mins.)
Elecciones y participación democrática…
Hay un momento en que el pueblo ejerce su poder. Ese momento se da en las elecciones, en cuyo fragor, los aspirantes a gobernar un pueblo seducen a la gente para obtener la tan ansiada transferencia de ese poder popular que, finalmente será ejercido por uno solo. Aquella frase “La voz del pueblo es la voz de dios” parece cobrar vigencia, aunque sea por unos momentos, y el pueblo parece disfrutar de su poder masivo para definir quien será su próximo gobernante.
Vivimos en un país con alta dosis de concentración de poder en unas pocas personas. Mucha gente aún esta habituado a pensar que sólo los gobernantes deben tomar decisiones por los demás. Y, por su parte, los gobernantes creen que el pueblo sólo debe ejercer su poder cuando hay elecciones. Es decir, el pueblo transfiere prácticamente su poder a una persona, pero no hay transferencia de una cuota de ese poder hacia la comunidad.
Pero, más allá de estos puntos de vista; ¿Es posible que el pueblo ejerza su poder? ¿Tiene realmente poder la comunidad?
La historia nos demuestra que las más grandes acciones humanas y las más portentosas transformaciones sociales en el mundo se han dado gracias al poder ejercido por el pueblo. Y, generalmente, ha sido el ejercicio del poder en oposición a los mismos gobernantes. Citemos nomás la Revolución Francesa, donde miles de hombres y mujeres cambiaron el curso de la humanidad con sus hechos, o la Revolución Cubana que hizo retroceder a las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos. Hay ejemplos más cercanos de nuestro país como el afamado “arequipazo”, cuando el presidente Toledo osó desafiar a toda una región, pretendiendo privatizar Egasa; el reciente “Baguazo”, cuando el prepotente Alan García quiso imponer a sangre y fuego la llamada “Ley de la Selva” y donde se impuso el honor y coraje de miles de hombres y mujeres nativas, defendiendo lo que es suyo. En ambos casos, se impuso el poder popular frente al abuso de poder de los gobernantes.
En nuestra región abundan testimonios de cómo el pueblo, las masas o las bases han hecho uso de su poder para conseguir la atención a sus necesidades. Es más, se ha vuelto una fórmula cotidiana de la comunidad el hacer multitudinarias movilizaciones, sin los cuales no se ha podido concretar muchas reivindicaciones sociales o económicas. Hace poco, los mineros de La Rinconada, por ejemplo, con más de diez mil hombres y mujeres han sitiado prácticamente la ciudad de Puno para lograr su tan anhelada carretera asfaltada. Y lo más paradójico de todo esto es que las autoridades o gobernantes sólo actúan cuando existe presión social.
Actualmente, gracias a ciertos mecanismos previstos desde el gobierno, la sociedad viene participando más y mejor en el encaminamiento de su comunidad. Por otra parte, la educación masificada entre la gente del campo, viene permitiendo a que más gente esté vinculándose en acciones de participación ciudadana. Pero, también es cierto que no es suficiente esa participación en actos como: asistir a las reuniones, salir a las calles a protestar a favor o en contra de algo, votar en las elecciones o expresar puntos de vista. La mayor y mejor participación se da cuando el pueblo es parte de la toma de decisiones. Con seguridad, no hay ningún gobernante que brinde estos espacios. La mayoría de nuestras autoridades son de carácter populista; es decir, gobiernan para el pueblo, pero no con el pueblo. El empoderamiento comunal o vecinal, sin embargo, está acrecentándose para beneplácito de nuestras sociedades. No es posible pensar, en estos tiempos más modernos, que un gobernante tome las decisiones de modo paternalista y vertical; no es aceptable tampoco que una autoridad no tome en cuenta las propuestas de la ciudadanía. Y son los gobernantes paternalistas y verticales los que más dificultades tienen para conducir a su pueblo, y son en estas comunidades donde el poder del pueblo se ve ejercitado.
La Constitución Política del Perú sostiene que el poder emana del pueblo. Y como tal, esa facultad debe hacerse uso todos los días. No es cierto que las bases, las comunidades o la sociedad civil no tengan poder para tomar decisiones de diversa naturaleza. Lo que está sucediendo es que quienes ejercen el poder han olvidado o están ignorando esa inmensa prerrogativa del pueblo.
Por otra parte, la comunidad debe y tiene que ejercer más su ciudadanía. Hace falta más “cultura de la participación”. ¿Y en qué y cómo puede ejercer su poder la sociedad civil?** (1) Participando y tomando decisiones dentro de un marco democrático, (2) Haciendo respetar su cultura organizativa, (3) Propiciando a que sus autoridades consideren la consulta popular como instrumento democrático, (4) Haciendo respetar su autonomía organizativa frente a la posición administrativa, (5) Exigiendo transparencia y acceso a la información administrativa, (6) Ejerciendo control de la gestión de quienes los representan, (7) Participando permanentemente en política y evitando la partidarización cotidiana, y (8) Teniendo la capacidad de elegir y ser elegidos. Este último punto es vital.
Las elecciones y el ejercicio del poder popular
Indudablemente, es en los periodos eleccionarios cuando se puede observar nítidamente el uso del poder popular. Las campañas político partidarias de todos los candidatos están orientadas a seducir a cada uno de los pobladores, cuyo voto será fundamental para sus aspiraciones. Entonces, el pueblo “descubre” su “valor” en oro. Todas las propuestas no les serán suficientes para adoptar una decisión final que sume voto a voto a favor de alguno de los candidatos. Por ello, cada partido, cada movimiento y sus líderes proceden a ejecutar las más inimaginables estrategias para lograr que el poblador común y corriente les endose su poder personal en las ánforas.
Las campañas electorales, entonces, se vuelven una gran batalla para conquistar “el poder de los sin poder”. Y el costo de la victoria va desde una brillante oratoria nutrida de propuestas y planteamientos, hasta la entrega de infinidad de regalos y atenciones que concluirán, como por arte de magia, el mismo día de las elecciones.
Por supuesto que, quienes tienen más posibilidades de obtener el ansiado poder político son aquellos que invierten ingentes sumas de dinero; lo que lastimosamente es una muestra de que el pueblo no está utilizando esa su majestuosa arma para tomar una decisión correcta y tener al mejor gobernante o autoridad.
A modo de conclusión: en nuestro país y región se necesita pasar de un gobierno para la gente a un gobierno de la gente, se necesita además hacer uso de ese supremo poder popular un instrumento de cambio verdadero. Que las clases dominantes y los partidos de derecha no sean más aquellos que “adquieren el poder del pueblo para ejercerlo coercitivamente en contra del mismo”. De los millones de hombres y mujeres del país depende que nunca más, el voto personal, sea manipulable. La conciencia ciudadana tiene que imponerse.
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* La frase “El poder de los sin poder” fue usado por Vaclav Havel (Checoslovaquia, 1936), pero no con la misma significación del artículo presente. También es referido por Francis Fukuyama en su libro “El fin de la historia y el último hombre”.
** Marta Harnecker (2003) hace alusión a los requisitos fundamentales para el ejercicio de la participación democrática.
Y los frentes y movimientos regionales del Perú profundo, están ...
¿Está Usted de acuerdo con la inscripción del Movadef como partido político en el Perú?