Miércoles 08.02.2012 | Actualizado 16:45 (hace 27 mins.)
“Sin música la vida sería un error” Nietzsche

Cómo imaginar la vida sin música, sin el trinar de los pájaros, sin el leve canto de una madre, sin las sinfonías de los inmortales, sin los conciertos de rock. O simplemente, la fiesta de la Candelaria sin bandas musicales, ni sicuris. Definitivamente no sólo sería un error, sino un absurdo.
Entonces los que tienen la virtud de encandilar e hipnotizar con sus acordes musicales, esos extraños pasionarios que se deleitan en el paraíso musical, esos tejedores de alfombras voladoras que tejen con notas musicales, acordes y claves de sol, serían mimos enclaustrados en el silencio con afonía perpetua, en un mundo triste, tristísimo, que no lo puedo imaginar ni de muerto.
En esa inútil interpretación del por qué fueron inventados los músicos y los cantores, que es un dilema sin respuestas, por los acertijos de los genes y los laberintos del entendimiento humano; la familia Echarri Sáenz, con su inmensa fraternidad de los que tienen poco y comparten más, se hicieron nobles con su simpleza y otros encantos olvidados por el vulgo. A cambio de ello, recibieron los dones de la música en la sangre y en el espíritu. Ellos quizá nos pueden aproximar a esta especie rara de los cantarinos que no entienden la vida sin trovar, sin ritmo, y sin el temple, por más diablo que este sea.
En los años de la pubertad donde el juego es vital y los niños corren detrás de una pelota con el moco seco y los cachetes rebosantes de alegría, empolvados y sin cansancio; Luis, el mayor de los hermanos, realiza su primer descubrimiento con el pinquillo y la quena (nadie sabe como este niño taciturno adquiere el virus de la música, y además contagia a sus hermanos menores). En su extravío sonoro, luego de coquetear con la guitarra, recala en la mandolina donde se realiza como afamado virtuoso, al extremo de picar las cuerdas y recorrer los trastes del instrumento como si sus dedos saltaran de brazas calientes. Por su parte, el inquieto y pícaro Edmundo, con su particular canto acompañado de la guitarra y Lucy la niña musical que jugaba con las mariposas y la inocencia (en los recuerdos los niños no crecen) también son producto de ese sustancial mundo del altiplano; porque mucho de la explicación artística de la familia Echarri, deviene de lo puneño por el influjo del cielo azul, del lago eterno y de ese inmenso panorama serrano que dice todo y aprieta el corazón.
“Las hermanas Echarri”, (Silvia y Miriam), con sus prolíficas grabaciones musicales, con su incursión primaria en el vals criollo, con los boleros y el logro definitivo en el huayño puneño, son sin dudarlo la mejor expresión de este género; porque nada de lo creado en cada pueblo de este Punito, les es ajeno y lo hacen con el talento que encarna cada letra jalada de las raíces de los trovadores puneños, (que eso es otro cantar y tema de desgarro y sangrado en otro artículo). Miriam, la cantautora de la familia con su encanto de traducir los devaneos del amor y su entrega al cantar con el alma, todo lo que Puno le dio, su niñez, su familia, el lago, y eso que no sabe explicar, pero lo intuye, o lo huele en el aire del pasado que de vez en cuando la visita para hurgarle el sentimiento y a nosotros hurgarnos el corazón; pero que en el fondo podría ser el amor de sus padres que los hicieron con paciencia y magia, entre las sábanas de la tierra y el cielo.
Esta familia de orígenes cusqueños y hechura puneña, que fue inoculada por el virus de la música, por Luis (el ahora eximio de la mandolina e ingeniero sin remedio), siempre estará en nuestros rincones, para alegrar nuestras fiestas, para ayudarnos a soportar nuestras melancolías y para embriagarnos de amor (que es lo que más nos jode y nos parte los adentros). Los Echarri Sáenz se alimentaron de las mismas sensaciones del puneño, olores y sabores telúricos. Ellos son los hijos del sonido, primos y hermanos del viento y las zampoñas, en este territorio del altiplano, del cual no sólo tengo un recuerdo grato; sino una historia del realismo mágico para contarla varias veces.
Y los frentes y movimientos regionales del Perú profundo, están ...
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