Segunda Feria del Libro “Juliaca 2013”



Escribe: Feliciano Padilla | Cultural - 17 nov 2013


Entre el 5 y 10 de noviembre del año en curso se llevó a efecto la “2da. Feria Internacional del Libro: Juliaca 2013”, organizada por una comisión de poetas y escritores juliaqueños, cuyo núcleo central fue la Editorial “Hijos de la Lluvia”. La trascendencia y los resultados alcanzados han sido favorables para el desarrollo cultural de una ciudad como Juliaca, reconocida sólo por su actividad comercial y económica, en general.

La feria del libro de Juliaca constituye un buen comienzo. Así, con limitaciones y dificultades, nacen las tradiciones. No se puede decir que todo Juliaca haya estado pendiente de lo que se hacía en la feria; sin embargo, ha sido capaz de movilizar a gran parte de su juventud en busca de buenos libros. La principal función de las ferias es poner en contacto a los lectores con los libros. Se trata, pues, de una verdadera fiesta de los libros y las editoriales independientes. En las grandes ferias de libros como en las de Guadalajara, Tijuana, Los Ángeles (California), la de Lima, etcétera, la fiesta es para las grandes editoriales transnacionales que logran ingentes cantidades de ingresos, cosa que no sucede cuando la feria es visitada sólo por editoriales independientes del país, como en los casos de Juliaca, Arequipa, Chimbote o Trujillo.

Está claro que las editoriales independientes como Hijos de la Lluvia, Cascahuesos, Sieteculebras, Lago Oculto Editores, Saqra y; en general, las que operan desde las provincias, están conformadas por grupos de amantes de la literatura que fomentan la publicación de libros, cuyos autores radican en la periferia y no en la ciudad de Lima. Debe destacarse la labor titánica que estas editoriales hacen para publicar libros; de la misma manera, el esfuerzo de los creadores jóvenes que buscan visibilidad en un mundo donde todo funciona alrededor de Lima, en perjuicio de lo que ellos, los limeños, llaman literatura de provincias o literatura regional.

La verdad es que la literatura nacional es una sola. Tiene carácter heterogéneo y su riqueza está en su diversidad y diferencia. Si el centro decidió otorgarnos el mote de literatura regional, hay que aceptarlo, a condición de que la literatura de Lima sea, también, literatura regional limeña; claro está, privilegiada por el centralismo y aceptada y apoyada por el canon imperante.

Respecto del canon debe considerarse que hay en el país dos tipos de ellos: El canon impuesto al mercado por las transnacionales que, con excepciones indiscutibles, son capaces de vender gato por liebre, aprovechando el marketing desplegado por los medios masivos de comunicación, como son la TV, los periódicos y las revistas especializadas, tal como sucedió con los libros “La Chola Chabuca” y “El precio de ser Magaly Medina, mi verdad: la cárcel, que sólo en diez días se vendieron cerca de 400,000 ejemplares de cada “libro”. Bueno, paralelamente a este canon existe el canon académico que emerge de las Escuelas de Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad Mayor de San Marcos, Universidad Federico Villarreal y, en menor medida, de la de San Agustín. Este canon mantiene una actitud de reconocimiento y valoración de la llamada “literatura regional”. No está condicionado por el lucro o las ganancias comerciales, sino, por intereses netamente académicos, aspecto que favorece ampliamente a los creadores que no somos limeños.

Este es el contexto en que se realizó la Feria del Libro de Juliaca. Asistieron a la feria muchos escritores. Pude notar la presencia de varios amigos entrañables: Miguel Adrián Cáceres Ortega que llegó de Sucre (Bolivia), Marco Fonz (México), y los peruanos Lolo Palza, José Gabriel Valdivia, Darwin Bedoya, Christian Reynoso, José Córdova, Rubén Soto, Miguel Ildefonso, Yuri Vásquez, Marú Delgado, Alex Rivera de los Ríos, Javier Núñez, entre los que conozco personalmente. La comisión organizadora constituida por Walter Bedregal, Darwin Bedoya, Carlos Mendoza y otros escritores juliaqueños menos conocidos, funcionó en la medida que les permitió sus posibilidades.

El escenario en el que se llevó a cabo la feria del libro de Juliaca fue el patio de comidas de Plaza Real, aunque los dos últimos días se trasladó a una carpa especialmente levantada fuera de las tiendas comerciales. La región Puno requiere de una feria del libro. Hace cuatro años, aproximadamente, por iniciativa de Óscar Clinio Ramos, propietario de la Librería Laykakota, se trató de hacerse una feria del libro en la Plaza de Armas de la ciudad capital, pero, fue un fracaso. Tengo la impresión de que Juliaca es buena plaza. Lo que tendríamos que hacer los puneños es empujar el carro para que la feria siga adelante. Felicitaciones para Juliaca porque de esta manera está sentando las bases de una actividad tan necesaria para promover la lectura y contribuir al desarrollo cultural de la región.


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