Miércoles 08.02.2012 | Actualizado 03:55 (hace 9 mins.)
A propósito de celebrarse el XXVIII Aniversario de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Nacional del Altiplano, el lunes último se presentó el libro: El Adulto Mayor; La Cuestión Jurídica y Social del docente y magistrado José Pineda González, que es peculiar porque pone en tapete la problemática del anciano, que socialmente es marginado e incomprendido y jurídicamente es desprotegido por las normas que no garantizan su consideración y valoración a su dignidad. El escritor argentino Jorge Luis Borges alguna vez declaró que:”El tiempo es la sustancia del que estoy hecho y por lo tanto somos un constante asimilar su contenido encanecido en nuestro ser”(1). Esta frase además de poética se refiere a la ancianidad que internaliza el tiempo como un ritual de vida, incomprendido y poco valorado socialmente, olvidándonos que alguna vez ese anciano fue el hombre que también edificó la cultura y el desarrollo, siendo el artífice y su eje vertebrador, con la genuina sabiduría que todo ser humano adquiere al paso de los años y que dejó la tarea cumplida y así debiera ser reconocido, ameritando la experiencia que por ejemplo para filósofos como David Hume, era la auténtica adquisición del conocimiento. Por lo tanto centrándonos en este enfoque homocéntrico, diríamos que el cosmos gira a nuestro alrededor por nuestra existencia y nuestra trascendencia.
Este hombre, que también llega a ser anciano en una edad de su desarrollo, y que se le llama adulto mayor, también necesita ser amado, necesita fortalecer su autoestima y ello incluye todos los sentimientos y creencias que tenemos acerca de nosotros mismos y afecta a todo lo que hacemos en la vida. La obra es abordada desde dos coordenadas: La jurídica que permite hacer exigible una legislación nacional, tutelable y efectiva a fin de elevar las consideraciones que merece el adulto mayor y la coordenada social en la que se debe encauzar políticas públicas a favor de los ancianos. Considera para ello la óptica gerontológica que estudia el envejecimiento, en la dimensión social, que se ha acercado a las necesidades de implementar políticas públicas que puedan cohesionar e integrar al anciano en el seno social, a fin de no considerarlo improductivo y sumirlo en el abandono. En ese sentido concuerdo con el autor cuando sostiene que el envejecimiento se da en niveles emocionales, ya que la discriminación y limitación laboral, familiar, económica y afectiva llega con la edad y pocas son las personas mayores que gozan de reconocimiento y apoyo con dignidad. Esta visión cruda hace que seamos un país que además de mal agradecidos con los ancianos, consideremos un lastre su presencia y pocas veces intentemos valorarlos en forma efectiva y protegible.
Si nos sujetamos a lo que dice nuestra Constitución Política del Estado, respecto a la protección del anciano, solamente encontramos lo que refiere el artículo cuarto, cuando preceptúa que la Comunidad y el Estado deben proteger especialmente al niño, al adolescente, a la madre y al anciano en situación de abandono, por lo que es razonable que haya necesidad de una protección más clara y efectiva como lo sostiene el autor con respecto al anciano, ya que nuestra Carta Magna sólo se pondría en el caso de abandono y no en otras circunstancias o lo que sería mejor desde un enfoque integral para mejor situar y proteger la ancianidad. José Pineda por ello hace la observación de que en la Ley del Adulto Mayor N. 28803 del año 2006, hace falta incluir los principios que le dan marco y sustancialidad a dicha Ley, ya que sin ellos no hay fundamento, ni valoración a su condición de ancianos, para ello debe tomarse en cuenta los principios definidos por la Asamblea Nacional de las Naciones Unidas que fueron aprobados por Resolución 46/91 en el año 1991, como son los principios de Independencia, participación, cuidados, autorrealización y dignidad, que son bases teleológicas para hacer inobjetable una regulación jurídica.
El autor aborda el tema preguntándose ¿Debe tener el anciano un estatuto jurídico diferenciado? y su respuesta es que sí debe tutelarse jurídicamente cada etapa de la vida humana, teniendo entre varios fundamentos aquella que la persona es un fin en sí mismo y no es un medio. Expresión que nos recuerda a su mentor el filósofo Enmanuel Kant, quien explicaba que ello significa que la persona es un ser eminentemente envuelto de dignidad, que su reconocimiento debe ser en la perspectiva de ser humano y no como una cosa u objeto, siendo única en relación con los otros seres, por lo cual no puede ser un medio para lograr finalidades de ningún tipo. Así se entiende además el artículo primero de nuestra Constitución donde la defensa de la persona y el respeto a su dignidad es la premisa límite del Estado y la Sociedad que implica que su protección prevalece sobre el interés colectivo. Razón mayor para que volquemos nuestra mirada a la parte estimativa del anciano que es una circunstancia donde anclaremos todos en un puerto donde quizás con todo derecho debiéramos tener regocijo y tranquilidad, el anciano hace frente a sus propias decisiones ante los cambios que experimenta, donde debe elegir entre lo nuevo o lo antiguo y opta finalmente por un sacrificio de sobrevivencia, donde no cuenta muchas veces su voluntad, sino medidas que al ponerlo en buen recaudo, no abordan una atención integral de su circunstancia contingente. Esta faceta humanista y en la perspectiva del Desarrollo Humano es la que inspira y constituye el fin del presente trabajo que debe servir de presupuesto de renovación en el tratamiento al adulto mayor desde su atención a partir del Estado y el ordenamiento jurídico y social.
El amigo, magistrado y docente universitario José Pineda Gonzales ha elegido por decisión propia ser Juez de Familia, pudiendo ser autoridad política o jerárquicamente vocal superior o vocal supremo, para lo cual tiene merecidas cualidades, sin embargo él ha preferido estar más cerca a los problemas que se originan en las familias y la sociedad, a las intrincadas relaciones no siempre armoniosas que existen entre los miembros de familia que en el caso peruano y particularmente en la Región de Puno resulta tremendamente singular ya que se tiene altos índices de violencia familiar que se trasladan a ser causa, en buena parte del deterioro social. En esa línea el presente trabajo es contundente al mostrar resultados alarmantes sobre conflictos familiares donde el adulto mayor tiene su lugar, ello es fruto de una investigación que le ha costado al autor mucha constancia y dedicación en más de media década de estar abocado a la realización del presente libro, que además de lo vivido palmariamente en su experiencia de magistrado, trasluce la personalidad del autor, de ser sensible al acontecer social y de estar permanentemente preocupado por una hermenéutica del derecho mucho más efectiva para abordar las relaciones intersubjetivas y psicosociales que entre otras cosas comprende en este caso a la esfera familiar.
Porque también compartimos inquietudes literarias con el compañero de ruta José Pineda, me permito finalmente transcribir algunos versos de nuestro mayor poeta peruano, César Vallejo quien en su poema “Traspié entre dos estrellas” describe la situación del peruano y del anciano en particular: “Hay gentes, que ni siquiera tienen cuerpo / cuantitativo el pelo / baja la pesadumbre / parecen salir del aire, / sumar suspiros mentalmente / oír clavos azules en sus palabras. Se van de su piel, rascando el sarcófago en que nacen y suben por su muerte de hora en hora / y caen a lo largo de su alfabeto gélido hasta el suelo... Amado sea el que tiene chinches / el que ya no recuerda su niñez. Amado sea el calvo sin sombrero / el que tiene honor y no fallece. Amado sea el hombre que ha caído y ya no llora”(2). Estas palabras revelan el drama de una atmósfera decadente, pero al mismo tiempo de la imprecación a la conmiseración humana, muestra la capacidad de conjugar la desolación en consuelo, desde la convicción ética de no aplazar más las cosas urgentes, porque al final la muerte no nos devolverá los ojos para ver lo que pudimos hacer y no lo hicimos.
NOTA
(1) Borges, Jorge Luis. Nueva refutación del tiempo, en Otras Inquisiciones. Buenos Aires. 1952.
(2) Vallejo César. Poemas Humanos. Edición Básica Popular. Lima. 1985
ojala aprendieran algunos que la mejor muestra de su trabajo sea reflejado en un libro al que pueda servirnos a todos y no ser sobervios con el cargo y esperar la muerte y quedar en el olvido grasias por preocuparse por nosotros que esa etapa Más » a todos nos llega y que feliz de que alguien defienda y se preocupe por una carita feliz despues de un largo trajinar
Y los frentes y movimientos regionales del Perú profundo, están ...
¿Está Usted de acuerdo con la inscripción del Movadef como partido político en el Perú?