Festividad de la Virgen de la Candelaria en Puno


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Escribe: Walter Rodríguez Vásquez * | Nacional - 07 feb 2010


DESMADEJANDO LA HISTORIA

Puno siempre estuvo en la historia milenaria de los pueblos andinos prehispánicos, por cierto con otros nombres y otros hombres, otros íconos religiosos, otra organización y otra visión del mundo: colectivista, agraria y recíproca.

Prospecciones arqueológicas en antiguos sectores de la actual ciudad como Huajsapata, Punanave, Pirhuapirhuani, Azoguini, Pataspatas, Esteves, Chullunquiani, Espinar, demuestran una ocupación temprana, luego influencia y ocupación Tiwanaku.

Desde 1532 los nuevos patrones de cultura de los recién llegados se imbrican a la cultura nativa, sobre todo los íconos religiosos: cruces, vírgenes, cristos, santos, incluso arcángeles. En el altiplano y rodeando al sagrado Titikaka, se instalan dominicos y jesuitas que levantan iglesias con estilos europeos pero con piedras talladas por manos nativas… a ellas acudirán indios y españoles, porque las iglesias también se levantaron para ambos.

En 1546, la actual ciudad de Puno era una aldea. Entre 1578 y 1583 fue un reparto del Corregimiento de Paukarkolla. En 1668, dicha aldea sufre una modificación considerable a consecuencia del traslado de la población de Laykakota por efecto de enfrentamientos entre mineros españoles asentados en dichos yacimientos y la presencia ajusticiadora del Virrey Conde de Lemas.

ANTECEDENTES HISTÓRICO-RELIGIOSOS DE LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

Es indudable que el culto a los íconos cristianos vienen de occidente con las huestes invasoras como parte de su política de expansión ideológica y “extirpación de idolatrías”. Las advocaciones a la Virgen María son diversas, en caso de la Candelaria, según algunas fuentes documentales señaladas por Guillermo Vásquez, nos dan pistas de la aparición de su imagen en 1450 en una cueva de las islas Canarias, zona insular que luego del viaje histórico de Colón fue paso obligado de los navegantes hacia América. En la hoy Villa de la Candelaria de las islas Canarias se erige una Basílica en honor a la Virgen con el niño Jesús en su brazo derecho y una vela en la izquierda (distinta a la que hoy se observa) La devoción a ésta imagen se difunde en todas las colonias hispanas; por cierto también en el Perú.

Así pues la incesante prédica de los doctrineros en la meseta del Collao fue la expansión del culto a la Virgen María en todas sus advocaciones; el historiador jesuita P. Vargas Ugarte afirma respecto a la entronización de la Virgen de la Candelaria imagen esculpida por Francisco Tito Yupanqui ¬– en la humilde de iglesia de Copacabana que: “… desde el 2 de Febrero de 1583 en que asentó sus reales en el pueblo la Virgen de la Candelaria, comenzó la conversión definitiva de todo el Collao (…) su influencia se extendería a las comarcas más distantes…”. Así, luego del traslado de Laykakota a Puno y vuelto el Virrey a Lima, la incipiente población hispana iniciaría la celebración a la Virgen de la Candelaria, razones devocionales no faltaban, incluida la influencia cercana de Copacabana.

Una tradición no confirmada de un milagro y el retiro de las tropas tupac amaristas que cercaron Puno en Mayo de 1781, fue un mecanismo de inducción evangelizadora que se usó antes en el Cusco para justificar “… la evitación de la última acechanza que ponía en peligro la conquista. A la Virgen la sitúa en el cero del Cusco (…) cuando estuvieron los españoles cercados… echando los indios fuego arrojadizo sobre el techo de la morada… que era donde es ahora la iglesia Mayor siendo el techo de cierta paja…. y siendo los techos de teja muy grandes, jamás prendió ni quemó cosa, porque una señora que estaba en lo alto apagaba el fuego luego, y esto visiblemente lo vieron los indios…”. En Puno habría sido una procesión de la Virgen de la Candelaria en momentos cruciales para proteger a la población española.

Hasta la mitad del S. XX la celebración patronal de la Virgen de la Candelaria se circunscribía al ámbito urbano de Puno y sus comunidades aledañas: LIawini, Huaraya, Chimu, Huallatani, Capullani, etc. Algo más, testimonios documentales demuestran que los comuneros que presentaban sus danzas a la veneración ritual en Febrero debían “pagar” tributos municipales, además que los grupos de música y danza de la ciudad eran poquísimos, la mayoría sikuris de Mañazo, Huaraya, Chullunquiani y otros.

ESTRUCTURA DE LA FESTIVIDAD

Las fiestas patronales combinan la devoción con la alegría y como tal la diversificación y convivencia de la liturgia católica con las creencias y prácticas rituales andinas, son observables en esta ocasión. Siendo además la fiesta patronal de Puno un mecanismo que promueve la cohesión social e integra a la población en acciones compartidas, tiene una estructura y un orden en su celebración. Todos los eventos constitutivos son ya conocidos y difundidos por sus organizadores, también por los medios de comunicación.

EL SANTUARIO

La temprana presencia de dominicos y luego jesuitas en el Collao significó también el inicio de la arquitectura religiosa colonial, sobre todo en los pueblos asentados en la zona circunlacustre. Toledo inició su política de concentrar poblaciones indígenas dispersas en reducciones para su “evangelización”, por tanto los pueblos deberían tener sus templos con íconos católicos “para acrecentar su fe y devoción”.

En Puno la construcción de la catedral para españoles, bajo la advocación de la Virgen Inmaculada Concepción - fue posterior a la iglesia San Juan, que se levantó para el culto de los indígenas; el Intendente Quimper afirmaba que “… es el más antiguo y está dedicado a los indios, aunque es un gran galpón de 60 a 70 varas y está regularmente adornado (lo que le falta a la de la Villa) y bien tejado… “En 1795 Fray Ambrosio Mariano Carazas solicitaba la antigua iglesia de San Juan para instalar un hospital. El tiempo deterioró su estructura, es por ello que en 1841 una Nota del Obispo del Cusco decía que estaba previsto vender algunos retazos del cementerio de San Juan “y una parte del arco colateral a dicho cementerio” y que se destinaría su producto “...a los imperiosos gastos que demanda el templo San Juan que amenaza ruinas y su total desplome”.

En los últimos tiempos, la iglesia San Juan fue sometida a otra refacción que terminó a inicios del S. XX y fue el 10 de Febrero de 1901 que se procedió a su bendición por el Obispo de la Diócesis de Puno Ismael Puirredón, fue apadrinado el acto por el Ecxmo. Presidente de la República de entonces Sr. Eduardo López de Romaña y esposa Julia Castresa de Romaña, representados por el Prefecto de Puno Crnl. Manuel Eleuterio Ponze y Sra. Florinda Méndez de Ponze, ése día se celebraba la Octava de la Festividad de la Virgen Candelaria. Luego de un largo proceso de ritos andinizados la iglesia de San Juan es ahora el Santuario de la Virgen de la Candelaria, epicentro del acontecimiento de religiosidad popular más concurrido del Perú.

VESTUARIO FESTIVO DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

Las imágenes cúlticas que reemplazaron a los dioses andinos fueron objeto de celebraciones festivas a la usanza occidental, además de las responsabilidades que les fueron transferidas a las comunidades nativas como mecanismo de conversión a través de un sistema de cargos, Dentro de estas obligaciones que deberían asumir, y aún lo hacen los alferados, está la de obsequiarle y cambiarle vestuario nuevo a la imagen celebrada, como muestra de su devoción.

En cuanto a la Virgen de la Candelaria, en cada celebración anual luce siempre un renovado vestuario que es confeccionado por artesanos especializados que recurren a modelos ya establecidos por la tradición occidental y a una gama de íconos bordados cuya simbología responde a una ficción estética también occidental y...tal vez andina.

En algunos países existen museos de carácter religioso que muestran colecciones de vestuario ritual que usaron tanto los celebrantes como los íconos celebrados. En nuestro contexto serían poquísimos los lugares donde se estarían cautelando el vestuario de las imágenes patronales de cada pueblo. En Puno los Celadores del Culto a la Virgen de la Candelaria han acomodado y ordenado en un recinto habitacional de la Iglesia San Juan las diferentes prendas y ornamentos del vestuario festivo de la Virgen, del Niño y algo de los arcángeles que complementan el anda de procesión; éllos los Celadores - son un grupo laico casi cerrado que cautela estos bienes de excepcional valor simbólico, tarea importante desde todo punto de vista. Un ordenamiento y catalogación con técnicas museográficas y en una infraestructura más apropiada, puede convertir al mencionado patrimonio en un repositorio histórico de exposición permanente.

(*) Texto publicado en el diario Los Andes, febrero del 2008




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