Cambios estructurales y crisis de representación política en el Perú



Escribe: Luis F. Vilcatoma Salas | Nacional - 07 ago 2011

La sociedad peruana experimenta una profunda crisis de representación política de la que no puede salir hasta la fecha. Las razones de que esto sea así son varias, desde razones institucionales que tienen que ver con el comportamiento de los colectivos políticos y sus élites dirigenciales, especialmente los partidos políticos desprovistos de nuevos imaginarios y prácticas políticas en renovados escenarios estructurales, hasta razones de orden estructural (económicas, sociales, culturales) que modifican los mecanismos de intermediación entre la sociedad y el Estado y, por lo tanto, el sentido y la calidad de la representación política

Como gran parte de las explicaciones que se han venido dando, hasta el momento, discurren por la versión institucional que encuentra en los partidos políticos las causas de la crisis de representación política, es importante profundizar más en las causas de orden estructural que originan dicha crisis, especialmente en el nuevo ciclo político que el Perú ha comenzado a vivir con el Gobierno del Presidente Ollanta Humala, sin perder de vista que los determinantes estructurales modifican raigalmente el cuadro de intereses sociales en las líneas necesarias y exigidas de representación fundamentales.

Hasta el presente, en la historia más cercana de la sociedad peruana, se han dado grandes momentos históricos de reorganización estructural de los intereses sociales, que han impactado profundamente en los mecanismos de intermediación sociedad-Estado y la representación política consiguiente: el momento de la transición del modelo Estado oligárquico al modelo Estado-céntrico corporativo (1968); el momento de transición del Estado-céntrico corporativo al Estado-céntrico democrático formal (1980), y el momento de transición del Estado-céntrico democrático formal al Estado neoliberal (1990), cada momento con sus propios mecanismo de intermediación y formas de representación política que, a partir de un momento determinado, ingresan en crisis. Veamos rápidamente cada uno de estos dos momentos:

Hacia los años 60 del siglo anterior, la dinámica de la formación social peruana transcurre por segmentarios, limitados y contradictorios procesos de industrialización que modifican de alguna manera el mapa de las clases sociales, con la presencia y protagonismo de una clases obrera organizada y politizada, los procesos de urbanización que experimenta el país desde los años 50 hacia adelante cobran intensidad, el acceso a la educación se amplía hacia nuevos y más diversificados grupos sociales y, con ello, se modifica también el perfil subjetivo identitario de las clases y grupos sociales , prospera el sindicalismo clasista especialmente desde la óptica de un marxismo esclerotizado y dogmático, todo lo cual presiona estructuralmente por un cambio en el sistema político y en los mecanismos de representación política, hasta el momento en manos de partidos políticos tradicionales y oligárquicos. Como la presión no funciona por el lado de lo políticamente existente es decir del sistema político vigente, el cambio prospera por fuera de estas líneas tradicionales, por la “revolución” de las Fuerzas Armadas y el liderazgo del General Velasco Alvarado quienes imponen un nuevo mecanismo de intermediación entre la sociedad y el Estado caracterizado por el corporativismo, al mismo tiempo que el vacío de poder producido en el campo por las reformas velasquistas que desplazan a los hacendados y terratenientes tradicionales, es cubierto por una clase media emergente (comerciantes, profesores, estudiantes, trabajadores del Estado) con una orientación crecientemente de izquierda.

En el medio urbano, mientras tanto, continúa fortaleciéndose el sindicalismo clasismo que cuestiona y desborda progresivamente los límites del corporativismo, dentro de los que buscaba desenvolverse el reformismo velasquista. Este desbordamiento tiene su mayor expresión entre 1977 y 1979, donde se configura todo un ciclo de protesta nacional contra el Gobierno Militar, esta vez, de Morales Bermúdez.

En otros términos, la sociedad peruana, a estas alturas de su historia, se estaba tornando en una sociedad más compleja y diversificada, en gran medida como fruto de las transformaciones motorizadas por las reformas del Gobierno Militar primafásico, transformaciones que si bien permitieron modificaciones en los mecanismos de intermediación sociedad-Estado superando los anteriores mecanismos oligárquicos intermediadotes en crisis, en un momento de la evolución estructural de la sociedad peruana estos nuevos mecanismos ingresaron, también, a una situación de crisis, llevando a la conclusión, en el año 1979, del periodo político abierto por el velasquismo, con la convocatoria, por el Gobierno de Morales Bermúdez, a elecciones para la Asamblea Constituyente que redacta la Constitución de ese año.

Los años 80 encuentran, así, una sociedad organizada y politizada como resultado de un impulso social y político que viene desde el momento anterior, así como un Estado elefantiásico e ineficiente, a lo cual se añade el inicio de la cruenta lucha armada por Sendero Luminoso.

Se restablece, con el Gobierno de Belaúnde Terry (1980), el sistema democrático y la competencia electoral consiguiente posibilita canalizar emergentes identidades sociales y políticas provenientes de la diversidad social que se hace más expresiva como la sociedad de la informalidad, la sociedad tradicional y la sociedad moderna en la que se divide la sociedad peruana, como muy bien anota Sinesio López en una de sus publicaciones.

La intermediación entre la sociedad y el Estado transita, a partir de este momento, en consecuencia, por los mecanismos de la democracia formal: la participación electoral, los partidos políticos, los grupos sociales de presión, la libertad de expresión, etc., con un Estado que no había dejado todavía su condición centrista y su sentido “social” y de “bienestar”, formalizado en la Constitución del 79.

En este periodo, sin embargo, el mundo capitalista comienza a cambiar aceleradamente con la globalización, la denominada postmodernidad, la caída del “socialismo real”, la crisis de los metarrelatos, el neoliberalismo y la desregulación de la economía y la sociedad, así como el fracaso de la ola industrializadota que se vive en América Latina especialmente después de la II G.M., y la disolución de la identidad política, que conducen a un nuevo desentendimiento en las relaciones de la sociedad con el Estado, porque “la sociedad de fines de los 80 no pueda ser entendida ni dirigida con los códigos de la etapa posterior a la Segunda G.M” (Panfichi/Coronel, 2009).

Entra en crisis, consiguientemente, el Estado-céntrico del periodo anterior, el mundo popular de la informalidad y de la sociedad rural tradicional ya no se siente representado por los partidos de izquierda ni por los movimientos sociales regionales y nacionales, ingresando nuevamente en situación de crisis los mecanismos de intermediación construidos con la vuelta a la lógica democrática el año 1980.

A partir del 90, como consecuencia de estos cambios estructurales que conducen a la crisis de los mecanismo de representación vigentes en los años 80, y con el triunfo de Fujimori, se establece un Estado neoliberal prescindente con otros mecanismos de representación caracterizados por el neoclientelismo, el neopopulismo y la antipolítica, la desaparición de los partidos políticos y el juego directo, sin esta intermediación, entre el Estado y la sociedad; mecanismos que son mantenidos, en lo esencial, por los gobiernos sucesivos, hablando de Alejandro Toledo y Alan García en su segundo gobierno; pero como la dinámica social no se puede detener, estos mecanismos también ingresan en situación de crisis y colapso como resultado de los cambios introducidos por el modelo económico-social del cual formar parte: el modelo neoliberal.

La crisis del neoliberalismo a nivel mundial, en el marco de una indetenible recesión de la economía capitalista mundo, el fracaso del modelo económico neoliberal en la inclusión social y del Estado prescindente en la superación de la pobreza y la desigualdad social, la corrupción sistémica, la emergencia de nuevos procesos identitarios que dan lugar a la visibilidad del carácter pluricultural, multiétnico y plurilingüe de la realidad nacional, el crecimiento del mercado interior por la vía de la circulación capitalista, la fuerte orientación del capitalismo transnacional hacia la explotación de los recursos naturales son, entre otros, procesos que conducen nuevamente a la modificación de las bases estructurales de la sociedad peruana y del perfil social subjetivo que exige nuevos mecanismos de intermediación y de representación política y que conducen a la derrota de la derecha política fujimorista, en las recientes elecciones presidenciales (2011), con la necesidad imperiosa de una nueva agenda económica, social, política y cultural, en un nuevo ciclo del sistema político peruano de orientación en esta oportunidad hacia un centro de izquierda cuyos contornos institucionales y políticos no están, todavía, suficientemente definidos.

Lo que sí está definido es la necesidad de cambios raigales en los mecanismos de articulación sociedad-Estado y de representación política, que el Gobierno de Ollanta Humala está obligado históricamente ha asumir, porque de lo contrario la tensión y explosividad social tendrían garantía de una segura continuación y se abría perdido irremisiblemente una oportunidad histórica de hacer las cosas en el Perú de una manera completamente diferente.



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