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Ofrendas a la Pachamama, madre cósmica


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Escribe: Los Andes | Opinión - 06 feb 2006

(María Luisa Stone).- Prendemos el fuego ritual de la ofrenda y abrimos una puerta al otro mundo. Los puneños son expertos en dar ofrendas con felicidad y reverencia: danzas, música, rito, resistencia en peregrinaje, veneración. Por eso la energía del Titiqaqa es legendaria. Venimos de todas partes del mundo para sentir esta energía espiritual de alta altura y alta fe. La ofrecen todo el año. En febrero es más.

4.00 a.m.: Los cohetones nos levantan. Es la fiesta de Candelaria en Puno.

4:30 a.m.: El primer conjunto de sikuris empieza su recorrido por los cerros, al sitio sagrado, milenario.

Le soplan a la Pachamama, Madre del Tiempo/Espacio, de nuestro entorno, de nuestro universo. Tiene raíces en este profundo Lago Titiqaqa.

5:30 a.m.: Docenas de conjuntos tocan frente al Santuario de la Mamita Candelaria, la cara actual de la Pachamama. Parece un caos para los que no saben. Para los participantes, es un acto de fe. Están ansiosos para entrar a recibir su bendición.

Sabemos por los abuelos que para recibir, hay que dar. Es la reciprocidad andina. Durante miles de años y varias grandes civilizaciones, los originarios del lago daban ofrendas a la abundancia de la Pachamama. Con gran dificultad durante los últimos 500 años, mantenían vigente las ofrendas y el rito, el arte, la danza, dedicación y respeto. Las ofrendas van juntas con la invocación para su presencia contínua.

Prendemos la fogata y purificamos el aire. Nos podemos acercar, nosotros con nuestros cuidadores espirituales: Apus, Achachilas, la Pachamama. El llamero se comunica con el Apu –cuida nuestras llamas, que haya balance en la naturaleza–, y el puma nos cuida los animales.

Los sikus con su armonía celestial nos llevan a otras dimensiones. Siempre guían al alma que sale al otro mundo. Y con los vivientes nos llevan a una comunión con el mundo espiritual.

Los protectores feroces con saltos y serpientes dan su devoción a la Virgen de la Candelaria.
Prendemos incienso, ofrecemos alimento a los Apus e invitamos: “tome asiento, coma, esté feliz.” Los sabios, los paqos y yatiris nos guían. De nuevo, nos acercamos.

Prendemos velas con devoción y la ofrecemos en el altar. Nuestros cuidadores espirituales responden a la devoción. Es un puente al más allá.
La Virgen de la Festividad de Luz está llena de luz. Sol, luna y estrellas llenan su aura. Ella nos da una vela y un bebé lleno de vida. Con esa vela, Ella nos da la chispa que prende el fuego en nuestro corazón. Este fuego es la ofrenda que llena todas las otras ofrendas. Este fuego es la ofrenda más profunda de todas.



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