Miércoles 08.02.2012 | Actualizado 02:24 (hace 33 mins.)
Sikuris 27 de Junio Nueva Era (*)
El notable historiador contemporáneo Waldemar Espinoza Soriano, señala que la primera vez que se utilizó el término “Cultura Andina” fue en 1928 y lo hizo el gran arqueólogo Julio C. Tello.
Posteriormente, los arqueólogos norteamericanos Wendell, C. Benett y Julious Bird, publicaron en 1949 el libro “Historia de la Cultura Andina”, siguiendo la terminología utilizada por Tello. Estos arqueólogos fueron los que descubrieron que la población que vivió en la Cordillera de los Andes participó de una sola cultura; es decir, que tuvieron las mismas costumbres, las mismas estructuras económico-sociales y las mismas sobreestructuras jurídico políticas. Descubrieron que lo único que variaba era el estilo, de tal manera que es posible hablar de una Cultura Andina y no de sub-culturas.
Por ejemplo, Moche y Nazca sólo se diferenciaron en la forma de su cerámica, en los estilos de sus dibujos y colores; pero económica, social, política y jurídicamente fueron iguales. Iguales fueron también Chavín, Wari y Tiahuanaco, pese a que se desarrollaron en diferentes épocas. La diferencia solamente residía en los estilos artísticos, por eso se llamó a esta área co-tradicional andina, porque costa, sierra y selva alta, a lo largo y ancho del territorio, eran participantes de una co-tradición y de una misma cultura. Y a estos pobladores participantes de una misma cultura se les llamó pobladores andinos y a sus manifestaciones Cultura Andina.
Sin embargo, esta denominación solamente se utilizaba en los círculos académicos. En los no-académicos, entre las grandes masas de pobladores, siguen imperando palabras anticuadas como cultura indígena, nativa, aborigen, Perú-prehispánico, Perú preincaico, etc.
Sólo en la década del 50 se acoge universalmente la terminología “Cultura Andina”. Para esto jugó un papel muy importante el Instituto de Etnología de la Universidad de San Marcos, fundada por Luis E. Valcárcel, quien al crearlo tuvo la intención: formar científico sociales para que estudien al pueblo peruano, con el objeto de resolver los problemas sociales y económicos. Este Instituto de Etnología, convenció que la denominación Cultura Andina constituía una terminología que comprendía mejor la realidad histórica de nuestro país.
Desde entonces (1952), los científicos sociales prefirieron esta denominación a cualquier otra; y las mesas redondas, simposios, congresos, festivales, en donde la gente se preocupa por estudiar las raíces del Perú, los antecedentes de los actuales peruanos llevan este nombre: andino.
Esta terminología se la acoge universalmente dentro y fuera del Perú, Bolivia y Ecuador. Ahora los investigadores ya no pronuncian las palabras indio, aborigen, indígena, etc. Estas son palabras desterradas del vocabulario científico, porque son palabras de mucha connotación peyorativa en la división de clases y castas que todavía impera en nuestro territorio.
Todo esto que acabamos de reseñar pertenece a una época en la cual los científico sociales, los alumnos y mucha gente que no frecuenta círculos universitarios pero que está al tanto de las innovaciones a través de las lecturas en los periódicos y revistas, no está conforme con la historia narrativa y descriptiva que abunda en nuestro medio y que no sirve para interpretar científicamente nuestro pasado y presente y por eso la desecha. Esto coincide con el cambio de la terminología; hay una enorme preocupación por definir la “Cultura Andina”.
En la década del 50, todavía se pensaba que la Cultura Andina era todo lo anterior a la implantación del colonialismo y la dependencia en nuestro país. Es decir, se creía que la Cultura Andina solamente se refería a lo anterior de 1532.
Había una gran preocupación por analizar el proceso económico, social, político, jurídico, educativo, religioso y lingüístico de la Cultura Andina. Se ingresó a una época de estudios intensivos de historiadores, antropólogos, arqueólogos y lingüistas, que afanosamente se dedican a buscar nuevas fuentes para poder comprender y explicar las estructuras económicas y sociales; se viaja al extranjero, se revisan los archivos en el Perú y fuera del Perú, descubriéndose centenares de nuevos documentos (visitas, crónicas e informaciones diversas) que poco a poco van a cambiar las concepciones que se tenían sobre las formaciones económicas y sociales pertenecientes a la Cultura Andina; se intensifican las excavaciones arqueológicas y las investigaciones etnográficas, etnológicas y lingüísticas.
El historiador Waldemar Espinoza señala que los miles de trabajos publicados mayormente en Norteamérica, Europa y hasta el Japón, han posibilitado realizar verdaderos descubrimientos, como el saber que antes de los Incas el espacio andino estaba habitado por Estados, Naciones y Nacionalidades debidamente constituidas. Así, se ha llegado a confirmar que el Imperio de los Incas no fue otra cosa que un Estado Multinacional, formado por 200 naciones, muchas más que las nacionalidades que conformaban la ex-Unión Soviética y China.
Los estudios sistematizados han llegado a la comprobación de que el establecimiento del colonialismo y la dependencia de nuestro país no pudo destruir la Cultura Andina. Pese a la tremenda presión colonial de España y la tremenda campaña alienante de los doctrineros y de los funcionarios, la Cultura Andina, aunque perseguida, siguió viva y fuerte.
Por lo tanto, es incorrecto hablar de Cultura Andina solamente hasta 1532. La Cultura Andina se ha prolongado hasta el siglo XX porque persisten las formas económicas, formas de parentesco, de derecho, ideologías, música, danza, etc. que nos obligan a decir que la Cultura Andina no fue aniquilada y sigue floreciente. Es más, sostenemos en “27 de Junio-Nueva Era” que la Cultura Andina, a pesar de las condiciones socioeconómicas desfavorables, se sigue desarrollando y en la que se han producido verdaderas transformaciones cualitativas, particularmente en el terreno de la música y la danza.
Actualmente se entiende que Cultura Andina no solamente son los elementos heredados de los pueblos precoloniales, sino que también está integrado por una serie de herencias culturales dejadas por el pueblo invasor y los que los pobladores andinos asimilan hoy de otras culturas.
Es evidente la vigencia de la Cultura Andina en nuestros días, sin embargo no se puede dejar de advertir que elementos de la Cultura Andina han ingresado al mercado de la oferta y la demanda. Los mercaderes de la Cultura Andina han descubierto que ésta es una mina estupenda para explotarla.
En esta labor depredadora están incluidos muchos científicos sociales, personajes de la burguesía nacional e internacional. Estos recogen datos, los fotografían, los procesan, los analizan, lo publican y los venden en el mercado internacional, no con el propósito de contribuir a una afirmación de nuestra Cultura Andina, sino con el de ganar fama y prosperidad económica.
En este sentido, el hombre andino del siglo XX sigue tan explotado como en los siglos XVI, XVII y XVIII, con la diferencia que en la colonia se explotaba su oro y plata. Ahora que se ha acabado esa riqueza material, han descubierto su riqueza cultural.
(*)Texto publicado originalmente en boletines internos de Sikuris “27 de Junio-Nueva Era” en enero de 1991, como parte de un extenso debate pre congresal, y que tenía como objetivo la actualización de los principios e ideología que guía al conjunto.
Y los frentes y movimientos regionales del Perú profundo, están ...
¿Está Usted de acuerdo con la inscripción del Movadef como partido político en el Perú?