Miércoles 08.02.2012 | Actualizado 02:24 (hace 32 mins.)
Boris Espezúa Salmón
En estos últimos días como sucedió en la primera y segunda vuelta de las elecciones generales, se arremetió en el contexto nacional por una gran cantidad de medios de comunicación, sobre todo televisivos y escritos, una campaña de persecución política en contra de Ollanta Humala, curiosamente más fuerte cuando se inicia procesos de campañas electorales. Entonces, para quienes sin ser muy neófitos ni doctos en la práctica política, no es difícil deducir que se trata de una patraña política que juega a poner zancadillas contra quienes son sus contrincantes, en eventos electorales donde el contrapeso es evidente. Tampoco es extraño que el APRA que tiene controlado al Tribunal Constitucional, al Consejo Nacional de la Magistratura, pueda influir en una Jueza que tocó con guantes blancos en el caso de Cayará a Alan García y lo absolvió, sin embargo ahora se saca los guantes y se pone manoplas para disponer que Ollanta Humala no salga del país, y se le disponga un embargo de sus bienes.
En política no hay casualidades. Y sabemos que quien peca, lo hace por exceso o por defecto. En este caso el exceso tiene su costo en un efecto contrario que genera en la colectividad, ya que reincidir en una sola cuestión de desprestigio, crea en la población la duda de la verdad y contrariamente se cree que es por una intención subalterna que se persista, lo que trae consigo una natural solidaridad hacia la víctima. Incidir en descalificaciones o adjetivos es descalificar y adjetivizar también a todo un segmento social que siente y se adhiere con su líder. Pero, si bien es cierto este aspecto es uno de los elementos del marketing político, lo que no podemos soslayar es las acciones mediáticas, las voces duales, y las promesas brumosas que caracteriza al Partido del ilustre Hay de la Torre, que recurre a los golpes bajos para subir en sus expectativas electorales. Sin embargo el Nacionalismo sigue en pie. Es un conjunto integral de muchas cosas, entre sentimientos, costumbres, identidades, historias y compromisos y consecuentemente en esta actual coyuntura es también el clamoroso cambio, la redención de la postergación y el impulso de la inclusión en una sociedad desigualitaria y excluyente. Por lo tanto defender el Nacionalismo, es defendernos en esencia, asumir una conciencia y actitud de valoración de nuestra memoria colectiva, de nuestras posibilidades de autonomía y de legitimidad plural e intercultural. Por qué podemos temer a un excandidato como Ollanta que para la convencionalidad de muchos neoliberales es asesino, traidor, y perdedor en las elecciones? Sin embargo, lo que los desvela es que el pueblo está al lado de él, que el fermento de la marginación, de la pobreza y del conflicto plural e ininteligible se representen en él. La imagen del nacionalismo es la imagen figurada de nuestra realidad: La cruenta pobreza por un lado y la forma de soslayarla con discursos mediáticos y de amedrentamiento.
Aunque, puedan disponer la medida de reclusión para Ollanta Humala, el caudal de su electorado, el auge de un cambio para el País, se avivará mucho más, y convertido en héroe se perfilará como la opción única de cambio. Que es muy diferente tener secuestrada a una prensa que a más incidir en el desprestigio de Ollanta, incide más es su propio desprestigio popular y en el internalizar la maquinaria de intereses que está en juego detrás de dicha persecución. Por ello, el pueblo que es el depositario de la real y genuina soberanía política, es decir que encarna el poder verdadero, deberá de reflexionar y sacarse la venda de los ojos para ver qué móviles lleva a cierta prensa y a ciertos intereses poderosos a molestar tanto a Ollanta Humala?. Existen muchos temas más urgentes e impostergables que deberían tratarse, y no crear cortinas de humo para distraer a la población. Las elecciones que se avecinan es la gran oportunidad de demostrar que podemos tener Cultura Política, que la palabra Ciudadanía, merece respeto y denota dignidad y no subestimamiento de su inteligencia. Tenemos la gran oportunidad de escoger a buenos candidatos que puedan contribuir a la decencia de la política, sin recurrir a denostados dislates de agravios e injurias, de biliosas defensas de candidatos que usufructuan el poder, y que tiene hipotecada a cierta prensa. La política en el Perú, tenemos que construirla como al país, con transparencia, dignidad y amplitud, esas exactamente eran las premisas de Federico More en su vida periodística y su convicción política. Deberíamos imitarlo.
Y los frentes y movimientos regionales del Perú profundo, están ...
¿Está Usted de acuerdo con la inscripción del Movadef como partido político en el Perú?