Viernes 12.03.2010 | Actualizado 07:30 (hace 13 mins.)
Desde mi punto de vista, todas las cosas terroríficas del universo son tolerables. El calentamiento global, la deforestación, la corrupción de nuestras instituciones políticas… todo lo puedo resistir con un poco de estoicismo y bravura. Lo que a mí me aterrorizan son otro tipo de cosas.
Cómo cocinar
No es ningún secreto que la cocina NO ES uno de mis talentos. No sé guisar, asar, freír ni sofreír: no se hornear, aderezar, saltear ni empanizar. Denme una sartén y una cuchara de palo y yo me echaré a llorar como una tetuda y gimotearé pidiendo por mi mami, sin remedio ni consuelo alguno.
Pensé que a la llegada del amor y bajo la premisa de que a los hombres se les conquista por el estómago mi aversión por la cocina desaparecería. Nada más lejos de la realidad. Luego de muchos años de sopa Ramen y delivery, la primera prueba de Mariella vs. La cocina llegó cuando tuve un novio cuya ex novia era Chef Profesional. Chef de restaurante. CHEF. CHEF. CHEF. ¿Y qué hice yo? Pues no me puse verde de la envidia. Nunca me inventé recuerdos ficticios de él y ella cenando manjares maravillosos preparados por ella con sus propias y delicadas manos. Jamás se me ocurrió hundirme en los celos o la vergüenza ni leer secretamente todas las noches el “Qué cocinaré” de Nicolini. Sin remordimiento alguno yo lo alimenté por dos años consecutivos con pan con jamonada y agua del caño y me zurré olímpicamente en lo del estómago y el hombre. Quiéranme por quién soy.
La segunda prueba llegó cuando, hace seis meses ya, me fui de mi cómodo Bed & Breakfast en Lima para instalarme en calidad de pobre en Madrid. Descubrí que me encanta ir de compras, me fascina leer las etiquetas de los envases y me entretiene no saben cómo llenar la refri y ordenar la alacena; pero, como siempre, las ollas y las sartenes son mi kriptonita. Cuando converso por teléfono con mi linda mami le cuento todo lo que hago y todas las cosas ricas que cocino. Por supuesto que yo sé que no me cree nada. Por supuesto que ella sabe que existen mayores posibilidades de que por las leyes universales de la mecánica cuántica mi Señor Patata se convierta espontáneamente en un lomo saltado antes de que yo cocine. Por supuesto: ahora barro como los dioses, trapeo como una profesional, coso y bordo como una máquina y lavo la ropa que da envidia, pero mi mami me conoce. Mi mami me parió. Ella y yo sabemos que me alimento de zanahorias con kétchup y que todas las cosas ricas que digo que cocino no son más que un invento ilusorio de mi mente malnutrida.
Jamás me ha avergonzado el haberme negado por 29 años a batirme a duelo con cucharones y espumaderas. No me humilla que se me quemen las papas, que mis tallarines con tuco sean un adefesio ni que mi arroz parezca quáker al ajo. Lo que si me avergüenza un poco es que planeo llamar esta tarde a mi mami porque me han entrado unas ganas arrebatadoras e incontenibles de hornear una torta selva negra en el corto/mediano plazo, y no tengo ni la más mínima idea de cómo (ni de por qué). ¿Alguien puede explicarme este fenómeno? Porque, sin antídoto a la vista, siento que estoy traicionando las bases más profundas de mi -hasta ahora- incólume personalidad. Si esto no es terrorífico, pues no sé qué lo es. Socorro.
* Tomado del Blog SON MIS HISTORIAS
ES NECESARIO SER PRUDENTE CUANDO SE EMITE UNA OPINION SEA CUAL FUERE EL CASO, ESTAN DENTRO DE LO CORRECTO.
La semana pasada el juez Francisco Miranda Caramuti, del Primer ...
Opinión Si investigáramos la corrupciónHace pocos días, el congreso eslovaco acordó una medida de ...
Anchancho EL ANCHANCHO¡¡¡¡FEDERALISMO PIRATA!!!! El primer libro escrito sobre Federalismo fue por el ...
¿Debe anularse el indulto a José Enrique Crousillat?