Sábado 04.02.2012 | Actualizado 05:25 (hace 17 mins.)
Al amanecer las aguas del lago mayor y el lago Wiñaymarka se iluminan, por un momento parecen ser de muchos colores, más tarde el sol cubre la campiña con su vastedad. Es un mundo que se mantiene invariable desde otras eras, no se trata de un lugar lejano y remoto que no registran los mapas: Es YUNGUYO, hermosísimo istmo a 2 horas de viaje hacia el sur de Puno, una provincia que permanece casi intacta en sus costumbres a pesar de la irrupción del dinámico trajinar de la sociedad yunguyeña.
Ese es el encanto de esta parte de la región de Puno, un territorio asociado a viejas culturas precolombinas, cuyos vestigios se ven por doquier, y que en opinión de los conocidos es la cuna de la cultura aymara. En Yunguyo los Apus Kapia y Juana, bajo el testimonio atento de los lagos Titicaca y Wiñaymarka, reúnen una fabulosa fauna a pesar de la depredación implacable, parecen recordarnos que el hombre pasa y solo la naturaleza queda. Pues, acá también se contamina la bahía. No hay autoridad que se preocupe de este terrible mal, ni quiera tomar conciencia del espantoso futuro que nos espera.
A pesar de estar rodeados de agua, Yunguyo se muere de sed. La capital provincial consume agua contaminada (un promedio de 1 hora en algunos días en las partes altas). Los discursos, las promesas, ya desesperan. Ahora las autoridades locales, con la cantaleta de su proyecto gestionado y el largo plazo, ignoran el presente, con la disculpa que es un problema de muchos años y de muchas gestiones, no mueven un signo, no se hace nada.
Yunguyo hoy se limita a ser paso obligado de turistas nacionales y extranjeros, y quizá ignorado por muchos, a pesar que cuenta con las condiciones para ser un destino turístico. Los recursos arqueológicos, folklóricos, y paisajísticos son incomparables. Pero nadie se preocupa en la puesta en valor del legado histórico. Basta recorrer el trayecto de Yunguyo a los distritos de OIlaraya, Unicachi, Tinicachi. Para sentir que nos acercamos al paraíso. De la misma manera podemos partir de Yunguyo circundando el lago Wiñaymarka hasta el distrito de Copani y llegar a Zepita y Desaguadero, acortando distancias y evitando molestias por una carretera que el Gobierno Regional abandonó. Es una muestra más de la improvisación. Cuidado con no entregar el asfaltado de la carretera Yunguyo, Copani, Zepita este año. Yunguyo demostró ser un pueblo paciente y comprensible, pero no hay que olvidar que tiene una admirable capacidad de organización y voluntad para lograr sus objetivos.
Por otra parte, deben de recordar los lectores que Yunguyo fue un importantísimo centro comercial. Hoy nos limitamos a tener fugaces visitas de los amigos de Bolivia, y a dinamizar nuestra economía los jueves y domingos, viendo con esperanza el surgimiento de la pequeña y micro empresa que nadie quiere incentivar ni menos consolidar. Prácticamente estamos desarticulados del mercado regional y peor nacional.
Fuimos pues la despensa de la región sur del país, nuestros productos agrícolas era muy cotizados a nivel nacional, hoy solo quedan recuerdos por la dejadez de las autoridades que dirigen instituciones estériles. La desarticulación provincial no nos permite un desarrollo armónico. Sin embargo siempre se esta haciendo proyectos y se están “tomando medidas”.
En la ciudad, solo hay que ver el sistema de abastos, el comercio ambulatorio, el transito y vialidad, el crecimiento desordenado, sin ningún ornato, para constatar el caos, el hacinamiento, la tugurización y pedir a gritos un drástico reordenamiento. El mercado de productores debe de ser parte fundamental para solucionar este problema. En esta parte se evidencia el desgobierno y la falta de autoridad. Esa es en resumidas cuentas, una parte de la realidad de mi tierra. Estamos yendo al abismo con los ojos abiertos y lo peor con los oídos sordos.
Es comprensible que la población perciba en los diferentes niveles de gobierno, problemas y se palpen descontentos. Así es pues, cuando las ilusiones populares se van agotando y se refugian tan a menudo en la crítica y la recriminación, y nos hacen ver la ruptura entre la realidad diaria y la efervescencia de las promesas electorales. Es pues una nefasta realidad. Por eso hay que analizar con frialdad y decir después, que hay ciertas cosas que se pueden y deben de corregir para no exacerbar los sentimientos ya bastante reprimidos.
Por eso en este aniversario cito algunos casos de tantos, talvez para reflexionar y tomar debida conciencia. No es constructivo pues, sembrar malcontentos y rencillas cuando bien alicaídos andamos en todos los campos. Todos los ciudadanos, tenemos la obligación ineludible de tratar de cosas grandes, y no sublimar las pequeñas. Tenemos el deber de elevar y no rebajar el debate, de enderezar rumbos y no tantear pasos con improvisaciones, de solucionar y no crear problemas.
Ahora bien, una ves más expreso, que en su ultimo año de gestión, no se les puede negar a las autoridades, la oportunidad de una concienzuda corrección, un genuino cambio y no mutaciones desagradables, una convicción democrática en la concertación de planes y proyectos, en la toma de decisiones que encamine con HECHOS el desarrollo de Yunguyo.
En tus Bodas de Plata, Perla del Titicaca, te saludamos con amor y gratitud.
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