José Portugal Catacora



Escribe: José Luis Ayala | Opinión - 31 ene 2011

La primera referencia a la frondosa familia Catacora, es un texto publicado con el título: “Visita hecha a la provincia de Chucuito por Garcí Diez de San Miguel en el año 1567”. Waldemar Espinoza Soriano, tuvo a su cargo la versión paleográfica, quien además escribió una documentada biografía del visitador, el texto fue editado por Casa de la Cultura del Perú, en 1964.

José María Arguedas, entonces director de esa entidad cultural, escribió un excelente prólogo y John Murra, suscribió una apreciación étnica de la visita. Sucedió que Garcí Diez de San Miguel, después de radicar en Juli, Chucuito y sobre todo en Ácora, sugirió que se aumentaran los impuestos a favor de la Colonia, por lo que se fue nombrado para hacer un catastro. De esa manera ahora, es posible afirmar que la familia Catacora, es origen aymara, que durante muchos años mantuvo un gran poder político y económico, por tener en su seno a una dinastía de poderosos mallkus (caciques).

El quipucamayoj Lope Martín Ninaraqui, declaró que llevaba las cuentas de Diego Catacora, quien hizo saber que vivía en Ácora y que pertenecía a la jurisdicción de los ayllus de jurinsaya. Se trata de un poderoso dueño de una cuantiosa fortuna heredada de sus antepasados. Pero mucho más importante era: “El Muy magnífico señor Cristóbal Catacora, cacique principal de las parcialidades de janansaya”, quien tenía una residencia administrativa en Ácora, pero vivía en el ahora desaparecido pueblo de Sangota. Poesía minas de plata, era azoguero y tenía terrenos en Chucuito, Juli, Ácora y en la costa.

Desde Cristóbal Catacora que en 1567, debió haber tenido unos cincuenta años hasta el mandato del último mallku de Ácora que se llamó Agustín Catacora, a quien le sucedió su hermana la thalla Isidora, todo llegó a su fin hacia fines de 1800. Dejaron de tener poder político y los mallkus luego se extinguieron. El mallku Agustín Catacora fue padre del protomártir Juan Basilio Catacora Heredia, quien conformó la Junta Tuitiva de la Ciudad Nuestra Señora de La Paz (Alto Perú) y que en 1809, declaró la Independencia de América.

La frondosidad del árbol genealógico de la familia Catacora, es tan grande que resulta casi imposible trabajar con seguridad, debido a que muchos archivos se han quemado, algunos han sido maltratados y otros saqueados. Menos mal que al cumplirse cien años del nacimiento del insigne maestro José Portugal Catacora, tenemos como referencia una autobiografía inédita. Es un documento que consigna además de su biografía, la presencia de muchos maestros puneños que estudiaron en la Sección Normal de San Carlos.

Se trata de un texto que empieza diciendo: “Yo nací en Ácora en el mes de febrero (13-1911), cuando llueve a cántaros en el altiplano de Puno. También es el mes que se barbecha para cultivar la papa en forma de chapa. Mi madre contaba que mandaba a hacer esa forma de laboreo en una de las aynoqas de mi pueblo natal”. Cuenta que una tarde se presentó una lluvia torrencial por lo que la madre montó con urgencia una yegua mansa, pero que apenas llegó a su casa: “Traspuso la puerta de calle e ingresó al patio prácticamente muy mojada. La yegua se paró bruscamente, temblando en el centro del patio y mi progenitora se resbaló de la montura, cayó al suelo sentada de cuclilllas, al mismo tiempo que sintió grandes dolores y luego, en el suelo mojado tuvo que ser auxiliada. Ese recién nacido era yo”.

Por lo general, entre la biografía y la autobiografía hay una enorme distancia y diferencia. La biografía es fría, tiene por lo general datos oficiales; en cambio, cuando una persona redacta su propia vida y experiencia humana, sabe que será juzgada por lo que dice o por lo que calla, en referencia a hechos importantes. La autobiografía de José Portugal Catacora abarca desde su niñez hasta cuando se vio obligado a renunciar a su puesto de funcionario, en el Ministerio de educación.

Portugal cuenta que en Ácora se presentó una epidemia de tifus y su madre murió cuando todavía era un niño. Contagiado como muchas personas, cayó gravemente enfermo y escuchó cómo iban a enterrarlo pobremente detrás de un templo, pero milagrosamente sobrevivió y la vida casi nunca le fue del todo placentera. Trató de aprender un oficio y con ese fin, en 1923 viajó a Puno con su hermano Martín. Terminada la primaria, se hizo sastre y su especialidad era hacer chalecos para los señores de Puno. En 1937 era un sastre muy conocido en confeccionar pantalones y sacos.

Luego, su hermano Mariano, le dijo que podía ser solo un artesano y era mejor que aprendiera a administrar haciendas. Así fue como llegó a un predio de la familia Muñoz Nájar y trabajó como supervisor en la producción de mantequilla. “Una tarde – dice – que el propio trajo periódicos de Puno, mi hermano se puso a leerlos. De repente, encontró un aviso en un recuadro e invitaban a ingresar a la Normal de San Carlos. Volteando hacía mí, me preguntó, si quería estudiar para ser maestro”.

Luego relata sus estudios, la dificultad de una adaptación a un régimen estricto respecto a la formación que recibió de parte de parte de Humberto Luna y Julián Palacios Ríos. Leyendo a los grandes maestros descubrió su vocación y enorme pasión por los niños del Perú. Una vez que ejerció el magisterio, tomó como referencia el ejemplo de un pariente suyo llamado Telésforo Catacora, fundador de la Escuela de la Perfección, pero sobre todo, la experiencia educativa de José Antonio Encinas.

Si bien es cierto que Jorge Basadre en su libro “La vida y la historia”, hace un hermosa referencia a Carlos Oquendo de Amat y emite un juicio nada justo en referencia a José Portugal Catacora; el maestro puneño, también reflexiona acerca de su labor en el ministerio. Hace una remembranza elogiosa de Basadre, pero se queja de la frondosa burocracia, insensible a los cambios en materia educativa. Portugal luchó pero no pudo llevar a cabo las reformas ni en plan educativo por el que Basadre lo hizo nombrar como funcionario.

En fin, José Portugal Catacora, es uno de los más grandes maestros que el Perú ha dado en el siglo XX. Sabemos que sus herederos preparan un justo homenaje con participación de connotados maestros e historiadores peruanos. Es por esa razón que no olvidamos la tarde que nos llamó el maestro puneño para visitarlo y decirnos: “Aquí le entrego mi autobiografía. Ojalá se pueda publicar porque contiene datos importantes en relación a la educación en el Perú. Le confieso que estoy decepcionado porque todo lo que se hace y se dice en materia educativa, parecía que predica en el desierto”.

Pero no será así, la autobiografía de José Portugal Catacora, por todos los hechos que consigna, significa la lucha de un pueblo por el derecho a la educación y a la cultura. Es una muestra de la capacidad de un hombre y un conglomerado social para transformar la realidad, a base de la educación teniendo en cuenta el dolor humano de sus grandes mayorías. Es también el testimonio de un maestro, quien enseñó con el ejemplo y una intachable conducta pública.

Entregaremos los originales para la edición correspondiente a la entidad que decida publicar un texto valioso, los derechos de autor corresponden naturalmente a sus herederos. De esa manera, también se habría rescatado un texto que significa una visión de la educación del siglo XX en el Perú. Será una publicación que permita saber qué fuimos, qué somos y qué podemos ser en el futuro.


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