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La corrupción politica en el Peru



Escribe: Luis H. Urviola Montesinos | Política - 15 mar 2009

El presente artículo trata de la corrupción política en el Perú durante los últimos cinco lustros: período en el que se manifiestan, indistintamente, niveles tolerables, endémicos e institucionalizados de este fenómeno que ha concitado últimamente la atención del Estado y la sociedad civil. De connotación polisémica y con objeto de estudio multifocal, la corrupción debe examinarse, y tratar su erradicación, a través de una visión y estrategias integrales en las que concurran la voluntad política de establecer un sistema nacional de lucha anticorrupción y la participación ciudadana sobre las bases de la institucionalidad y las fortalezas que otorga el sistema democrático.

El tema que abordamos se inscribe en un período, histórico y social, caracterizado por la lucha anticorrupción —iniciada embrionariamente contra el primer gobierno de Alan García— que se estableció en el Perú luego de la caída del segundo gobierno de Fujimori – Montesinos a comienzos de la presente década. Dentro de la vasta tipología de la corrupción, hemos elegido la de índole política que es la que mayormente concita la atención de la sociedad civil y el Estado. Se empieza con la conceptualización de dicho fenómeno para luego intentar su periodización, que comprende las dos últimas décadas y media de la historia peruana, y se determina el carácter de su problemática tanto en el contexto nacional, regional, como latinoamericano.

A pesar de la claridad etimológica del fenómeno de la corrupción (del latín corruptio, – %u014Dnís y del verbo latino corrumpere; que significa “juntarse para romper con las prácticas deseable"), su uso histórico le ha asignado carácter polisémico (Cf. Nieto, 2004: 2004) y multifocal (Cf. Malem Seña, 1997: 2) para referirse a determinadas actividades del comportamiento humano que rompen determinadas normas de orden moral, social, jurídico o político. Para la gente, la corrupción está asociada a la política, la función pública (robo) además del deterioro del nivel de vida (Cf. Nieto, 2004: 56). Precisamente, de la percepción ciudadana, fatalista, de la imposibilidad de luchar contra la corrupción, surge el fenómeno de su mitificación (Op. cit. p. 57) y en conclusión —por la variedad de sus rasgos— no existe unanimidad en el concepto de la corrupción (Op. cit. p. 59). Empero, existen propuestas generales y estrategias orientadas a la erradicación de la corrupción como ser: impulsar las reformas del Estado, instaurar el servicio civil, superar la sobreproducción legislativa y la sobrenormatización, sancionar la doble moral internacional que apoya a los sobornadores transnacionales, la separación de los poderes estatales y el fomento de la institucionalidad entre otras medidas.

Sobre la base de períodos gubernamentales específicos (Cf. Mendoza Palacios s/f), desde los años 80, la historia de la corrupción en el Perú, atravesó las siguientes etapas: Ante todo, el primer gobierno de Alan García (1980 – 1985) que se caracterizó por violaciones a los derechos humanos, hiperinflación económica y grandes actos de corrupción que en su conjunto superaron el nivel tolerable de este fenómeno. En segundo lugar, tenemos el decenio de Fujimori – Montesinos en cuyo primer gobierno (1990 – 1995) se produjo el autogolpe de abril de 1992; la conformación del Congreso Constituyente Democrático que elaboró la Constitución de 1993 para permitir la reelección presidencial inmediata y la instauración de medidas neoliberales seguido por el segundo gobierno de Fujimori – Montesinos (1995 – 2000) caracterizado por la consolidación del poder autocrático y la institucionalización de la corrupción política a nivel generalizado. Finalmente, a pesar de la recuperación del Estado democrático en el Perú, con el gobierno de Paniagua, Toledo y el segundo gobierno de Alan García, en el país se sigue padeciendo, con gravedad crónica, de actos de corrupción en casi todas las esferas gubernamentales nacionales y regionales, como en Puno en donde a la corrupción se le endosa el epíteto de “transparencia”.

En lo esencial, tras la caída del fujimorismo, persiste la corrupción política y —como en la generalidad de América Latina— la mitificación de este fenómeno aún no ha sido revertida. Paradójicamente, hasta se ha enraizado un fenómeno que los periodistas denominan “corrupción transparente” que se refiere a los delitos que se comenten con todos los procedimientos legales, pero que obedecen a maniobras oscuras (Cf. Sánchez León, 2008:55). Los principales protagonistas corruptos siguen siendo los políticos y los funcionarios públicos seguidos por actores privados y hasta internacionales (Cf. Nieto, 2004: 65-66). Del mismo modo, tanto en el Perú como en el resto de América Latina, las modalidades prevalentes de este fenómeno siguen siendo el soborno, la malversación, el tráfico de influencias, el abuso de funciones, el enriquecimiento ilícito, el clientelismo y la obstrucción de la justicia entre otras (Cf. Nieto, 2004: 65). A excepción de Uruguay, Chile y Puerto Rico tanto el Perú como los demás países latinoamericanos poseen índices de percepción de la corrupción por debajo del nivel tolerable (5.5); por ejemplo, nuestro índice es de 3,6: similar al caso de México (Transparency International). Finalmente, las consecuencias más significativas de la persistente corrupción política se manifiestan en el debilitamiento de la credibilidad democrática, la mitificación de este fenómeno y el riesgo de que los ciudadanos puedan optar por regímenes autoritarios y totalitarios.

La corrupción política, fenómeno inherente a las sociedades democráticas o totalitarias, ligada a los actores públicos o privados de carácter internacional, nacional o local, enfrenta hoy el surgimiento de una conciencia ciudadana cada vez más significativa en el orden moral, jurídico, social o político. Súmase a este hecho las grandes posibilidades tecnológicas del uso de medios de comunicación, el intercambio de información global y las exigencias de la transparencia en el quehacer público. Nunca antes un fenómeno tan universal e inveterado, y a su vez casi invisible e invencible, como la corrupción política, muestra su inmoral desnudez frente a la luz que emana de la conciencia social de los pueblos del mundo. Lo que solamente se podía ocultar en los rincones palaciegos de algún poderoso o en los infiernos dantescos de la Divina Comedia, es hoy inocultable y expuesto a la sanción moral colectiva. La eterna funcionalidad social de la corrupción toca a su fin.

En suma, el Perú sigue siendo un escenario preocupante de corrupción política. Esta persistencia, generalizable a la gran mayoría de países latinoamericanos, nos muestra que siguen inexpugnables las causas de este fenómeno social; que si bien, en puridad de conceptos, la transparencia es lo opuesto a la corrupción política, aún nos falta mucho para revertir el índice de percepción de este fenómeno no solamente hacia niveles tolerables sino incluso a logros más alentadores. ¿Nuestro Estado y sociedad civil coincidirán en la comprensión y el tratamiento integral del fenómeno de la corrupción? ¿Hasta qué nivel el actual gobierno viabilizará el fortalecimiento de la lucha anticorrupción en el camino del establecimiento de un verdadero sistema nacional anticorrupción que sea política de Estado y no ave de paso? Es tiempo de fomentar la participación ciudadana en ese derrotero para el bien de nuestra democracia y convivencia social y para que la transparencia no sea otro sinónimo de
corrupción.


BIOGRAFIA
BARRANTES CÁCERES, Roxana.
2006. “Aportes para la gobernabilidad democrática en el Perú. Los desafíos inmediatos” En La democracia en el Perú: Proceso histórico y agenda pendiente: Lima: PNUD.

MALEM SEÑA, Jorge.
1997. “El fenómeno de la corrupción”. En LAPORTA, F.J y S. ÁLVAREZ (eds). La corrupción política (separata del curso de Fundamentos de la Gerencia Social) Maestría en Gerencia Social, Lima: PUCP, 2007.

MENDOZA PALACIOS, Rudy.
(s/f). La corrupción en el Perú a través de la historia. Última consulta, el 01-07-2007 en: www.monografias.com/Trabajos39/corrupcion-peru/corrupcion-peru.shtml

MUJICA, Jaris.
2005. “Autoridades subversivas, ciudadanos transgresores en el Perú” En: Rev. Coyuntura, julio – agosto; Lima: CISEPA –PUCP. PP 18 -20

NIETO, Francisco.
2004. “Desmitificando la corrupción en América Latina”. En: Rev. Nueva Sociedad Nº 194 – Noviembre – Diciembre, Caracas: Nueva Sociedad – Friedrich Ebert Stiftung.

SANCHEZ LEÓN, Abelardo y Martín Paredes.
2008. “El laberinto de los audios: un entrevista a Fernando Ampuero”, en Quehacer, Nº 172, Lima, Desco.

TRANSPARENCY INTERNATIONAL – UNDP.
2006. Corruption and Governance Measurement Tools in Latin American Countries. En www.undp.org/oslocentre/cross.htm

TRANSPARENCY INTERNATIONAL.
2006. The 2006 Transparency International Corruption Perceptions Index. In: www.infoplease.com/ipa/A0781359.html Última consulta el 20 de julio de 2007.

TRANSPARENCY INTERNATIONAL
2008. www.transparency.org. Última consulta el 08 de narzo del 2009.



2 comentarios

  • jorge Edwards lunes 16 de marzo del 2009 a las 11:50

    Este pequeño comentario pretende ser un mensaje a la conciencia de los hombres y mujeres del Perú.

    La corrupción si bien es un fenómeno social, es, antes que dada, un componente de nuestra propia naturaleza humana. Todos somos corruptos potenciales.El precio que nos pone a prueba es variable. Una papeleta de Más » tránsito, un trámite judicial, una licitación, una oportunidad de hacer dinero fácil o simplemente el disfrute del poder en cualesquiera de sus formas, en algún momento de nuestras vidas someten nuestra voluntad. A menos que hagamos de la verdad y la honestidad un apostolado. Nuestra sociedad es como nosotros: corrupta o corrompible. La sociedad civil no es mejor que la sociedad política.Lo que las diferencia es la oportunidad del ejercicio del poder y el acceso a sus beneficios inherentes. El problema de la corrupción, en realidad,si bien es cierto es coyuntural, fundamentalmente es estructural, sistemico. Las estructuras jurícas, po161tico administrativa,económicas, sociales y mentales del sistema pseudo democrático, representativo, liberal, capitalista, han sido diseñadas para permitir que personas carentes de valores morales capturen el poder público y lo pongan al servicio de sus subalternos intereses. Los partidos políticos que deberían ser la base del sistema democrático, donde se analice la realidad nacional -para mantenrla o cambiarla segúun sea el caso, mediante la formulación y ejecución de planes y/o programas de gobierno-, no son otra cosa que instrumentos de expropiación del poder político de los electores y de suplantación de su representatividad para capturar el poder y depredar el tesoro público. Este sistema perverso permite, asimismo, que la opinión pública generada por los medios de comunicación puestos al servicio del mejor postor, se sobreponga a la voluntad general del pueblo, cuya carencia de conciencia cívica crítica lo convierte en dócil instrumento de manipulación de las perversas cúpulas dominantes delos seudo partidos o movimientos políticos, cuya vocación vitalicia es patente. Pero lo más grave es que las estructuras mentales de los sujetos del sistema no permiten ni siquiera el cuestionamiento del mismo. Los profesionales y los estudiantes universitarios, por ejemplo, que debieran ser parte de la conciencia crítica de la sociedad, asumen la injusta realidad pasivamente. Y peor aún, la mantienen incólume. Señores: Basta de diagnósticos y de quejas. Unámonos,organicemos y capacitemonos para el ejercicio del poder y la función públicos. Necesitamos urgentemente un relevo generacional de la clase política. Constituyamos organizaciones cívicas para el control ciudadano de la función pública. Jorge Edwards Mendez Calle Santa Lucía R-21/Urb.LaMerced Trujillo-Perú

  • MARIO RUELAS (VOCERO DEL GOBIERNO REGIONAL) domingo 15 de marzo del 2009 a las 18:58

    LA PRENSA ES EL SECTOR MAS CORRUPTO EN EL PAÍS, JUNTO A LA POLICIA, Y EL PODER JUDICIAL, SERÍA BUENO TOMAR MEDIDAS RADICALES CONTRA ESTOS ACTORES DE LA CORRUPCION.



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