La historio de la Santísima Cruz de Cojata


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Escribe: Faustino Condori Lopez | Regional - 03 may 2018


Los aymaras del distrito de Cojata (Huancané) esta semana viven la festividad de la Santísima Cruz del Tres de Mayo. Aquí se explica el origen de esta expresión religiosa festejada sobre los 4320 m.s.n.m. en la frontera entre el Perú y Bolivia, tomada de “Crónicas de Cojata”, de Faustino Condori Lopez.

Ocurre un día muy especial para los pobladores de Khukhata kullu, que estaban concentrados para festejar sus costumbres a las deidades ancestrales, cuando de pronto llegan peregrinos con mucha fatiga por el largo camino que recorrieron ese día, pues ya estaba atardeciendo. Los nativos empezaron a tocar sus instrumentos musicales y otros a bailar ataviados con vestidos de hermosos trajes multicolores. Al escuchar el bullicio, los viajeros peregrinos se animaron a quedarse en el lugar y espectar la fiesta durante la noche, pues tenía el destino final de llegar a las minas de La Rinconada, y es así que buscaron un lugar donde cobijarse y encerrar a sus bestias.

Por la noche salieron a ver la fiesta, que era verdaderamente impresionante: hombres y mujeres bailaban al compás de Quinachus, Pitus, instrumentos musicales tradicionales de los aborígenes. En eso, el cielo empezó a nublarse, acompañado de fuerte viento que corría por todas las calles, cayendo después una fuerte granizada.

Los peregrinos se fueron sin disfrutar mucho de la fiesta y llegando a su alojamiento empezaron a planificar sobre su ruta que en la madrugada debían de continuar; se durmieron tranquilamente, cuando de un momento a otro, un rayo muy fuerte los despertó. Los viajeros se levantaron y luego comenzaron a buscar el sitio donde había caído el rayo. Después de tanta búsqueda, vieron un brillante objeto que les llamaba la atención a los tres. Por curiosidad, uno de ellos empezó a asomarse al lugar lentamente, y cuando ya estaba cerca del objeto se puso nervioso nervioso.

Una vez en el sitio, el viajero vio una cruz de piedra de color negro, y por ello empezó a llamar al resto de sus amigos, y cuando se encontraron los tres en el lugar, rápidamente se pusieron a persignarse, haciendo oraciones al señor; luego, uno de ellos levantó la piedra para ponerla en su alforja y así proseguir con su camino.

Durante su largo recorrido desde Khukhata qullu, los viajeros se sintieron muy cansados, poniéndose a descansar toda la tarde en el lugar llamado Puntía, más conocido como la casa de tambo, y decidieron pernoctar ahí, pues de noche era muy peligroso transitar por la presencia de los animales feroces.

Al día siguiente, desde muy temprano, los viajeros se pusieron de acuerdo en dejar a la piedra en el interior de la casa de tambo; para ello, comunicaron a los habitantes del lugar, suplicando que la cobijaran y siempre se acuerden del Señor; sin embargo, el desconocimiento de los nativos hizo que ignoraran el encargo de los viajeros y así quedó olvidado durante varios años. Por otro lado, los mistis llegaron en mayor cantidad a Khukhata Qullu, para ocupar los terrenos y así extender sus dominios; los nativos eran sometidos a crueles castigos y tratos infrahumanos, no tenían a quién contarle sus penas, es ahí donde se acordaron del encargo en la casa de tambo que le ofrecieron aquellos viajeros; entonces los nativos, al recordar ese hecho, fueron en busca de la piedra de cruz, donde se encontraron con la sorpresa de que un niño cuidaba la casa, como si fuera un enviado de Dios y sin tener a dónde ir a pedir siquiera un pan para mitigar su hambre.

Los nativos se compadecieron, y uno de ellos se lo llevó a su casa para que cuide su ganado, pero no había la cruz que estaban buscando; presentían, pues, que nunca más verían la santa imagen de piedra, y por la tarde se retiraron muy preocupados y a la vez tristes a sus casas, y el niño se fue con uno de ellos.

Trataba de ganarse el mérito de su amo, él cuidaba los ganados y nunca los hacía perder, pues cada día llevaba muy lejos a las bestias donde abundaban los pastos. Es así que el amo se quedó muy feliz con el niño, además quería que se quedara toda la vida. Tiempo después, cuando el sol brillaba intensamente y no había dónde esconderse, el niño pastor decide entrar a la casa de tambo para protegerse del intenso calor, mientras el dueño del ganado miraba muy preocupado y vaticinaba que el niño nunca más saldría de ahí. Más tarde, su esposa le preguntó: ¿Dónde está el Pastor? Él respondió nervioso que metió a la casa de tambo y que nunca saldría de ahí; tal predicción parece que fue real, pues el niño nunca llegaba a la casa. Preocupado, el amo empezó a reunir a la gente para que lo ayudaran a buscar en la casa del tambo; una vez reunidos, se acercó a la casa y luego empezaron a excavar por todos sus rincones, pero solo encontraron la cruz de piedra que brillaba en los ojos de cada persona que estaba presente en ese momento. El niño nunca fue encontrado.

Desde entonces surgió la tradición oral de que el pastorcillo era un ángel enviado desde ‘arriba’ para hacer el recuerdo de Qala Kurusa, que fue un obsequio para la gente del lugar; desde ese momento todos los nativos le tuvieron una gran simpatía a la Cruz de Piedra y ahora los pobladores festejan con algarabía a la Santísima Cruz de Cojata.


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