Miércoles 08.02.2012 | Actualizado 16:45 (hace 6 mins.)

Se fue al Olimpo de los Dioses Edgar Valcárcel Arze, puneño por los cuatro costados que efectivamente procedió como un puneño integral e integérrimo que en toda su peripecia vital actuó con coherencia y consistencia, desde proa, a popa, babor y estribor de todo su ser.
Desde su visión de proa fue un puneño que imprimió una dirección puneñista a toda su creatividad musical concebida dentro de una productividad generosa siempre dispuesta a servir, hacer y enseñar a sus paisanos. Y esa su trayectoria, también, tuvo calado de popa porque, como todo hombre descendiente de familias con trayectoria y cultura andina, el tiempo pasado funcionó como un anclaje que le avivó vivencias y nostalgias intransferibles, preñadas de infancia, de paisaje y de los aromas que solamente produce el Altiplano-Titikaka.
Y Edgar Valcárcel fue, sin duda, puneño desde babor y estribor en su nave particular, porque estando donde estaba y haciendo lo que hacía, nunca dejó que la circunstancialidad apañara su acendrado amor a la tierra del Titikaka y pese a cursar estudios en universidades foráneas como las de Columbia-Princeton y gozado de una beca de la Fundación Guggenheim y recibido las notas de la modernidad en el Hunter College de Nueva York, frecuentando el atonalismo de Schoenberg, cuyas técnicas y afirmaciones son lo más distante del ejercicio musical valorativo de la melodía, del ritmo y el compás; inventó músicas que enriquecieron la vanguardia y dieron a lo andino moderna universalidad. Y por eso pese a morir y cumplir el ineluctable destino de la desaparición física, no ha muerto. Su obra trasciende y lo vuelve inmortal en el Olimpo de los puneños que fueron tales porque crearon espíritu para Puno sin vacilaciones ni engreimientos.
De ahí su música surgió plena de andinismo y, él fue en el Perú de estos últimos 30 años el compositor más original y creativo que a través de su “Zorro Zorrito” para orquesta con coro narrador y tropa de zampoñas, nos alcanzó perdurables notas y fraganciosos aportes que delinean nuestra condición humana andina y universal y recrean el mundo mítico de la zoogeografía musicalizada.
Por 77 años, 3 meses y 6 días se extendió la vida terrenal de Edgar Valcárcel Arze que nació en la ciudad de Puno un 4 de diciembre de 1932 y falleció el miércoles 10 de marzo en la casquivana y ajena ciudad de Lima que lo cobijó por su talento, pero que no fue lo suficientemente hidalga para, en vida, alcanzarle y materializarle todos los merecimientos que su obra merecía.
Para Puno en un trabajo de paciente recopilación efectuado junto con el ingeniero Virgilio Palacios Ortega produjo los 6 tomos de la Antología de la Música Puneña promovidos por la Corporación de Desarrollo de Puno que presidió el ingeniero José Luís Lescano Rivero allá por el año 1987 en el primer gobierno aprista. Esa obra, ahora, es de consulta obligada y fuente de referencia para compositores y musicólogos y hasta musicantes que acuden a ella para modelar sus trabajos y proyectar sus creatividades, en algunos casos como mortecinas y anémicas repeticiones.
Edgar Valcárcel Arze recibió entre otras distinciones de la formalidad peruana el Premio Nacional de Fomento a la Cultura “Luis Dunker Lavalle”, pero la peruanidad inteligente lo tuvo en su imaginario y le testimonió su admiración y respeto, tanto por su bonhomía como por la singularidad de su creación que en medios como Lima proclives a la distorsión y fáciles para asumir modas y estereotipos foráneos e imponerlos al arte local, no lograron vencerlo. No fue hombre de mundología y de los vicios de tener sin ser. El Perú real lo condecoró y los puneños de verdad, que aún los hay, le depararon afecto, admiración cuando degustaron su arte.
En una nota como esta, sentida y dolida por la ausencia del maestro, no es dable criticar la incuria de las autoridades que cuando son ungidas y premunidos de poder olvidan la promoción de la cultura y arrinconan iniciativas o empobrecen acciones de arte, no obstante, es necesario insistir que la obra del insigne maestro puneño, debe ser recopilada, reproducida y alcanzada de manera masiva y a precios módicos para toda la población puneña que con la obra de Edgar Valcárcel Arze, debe acopiar y madurar su multánime sentir puneño. Es un desafío que hoy se debe materializar lo más antes posible.
Lamentable pérdida para Puno, por lo cual va nuestro más sentido a los deudos, con la esperanza que allá en cielo, los querubines lo deleiten de las gracias que Dios le concedió. Nosotros lo recordaremos como buen amigo y extrañable cultivador de nuestra música.
MURIÓ UNO DE NUESTROS GRANDES INTELECTUALES, MIS CONDOLENCIAS A TODO PUNO, PERO, ESTOY SEGURO QUE PUNO TODAVÍA TIENE INTELECTUALES, ARTISTAS Y POETAS, ESTA CIUDAD SERÁ CULTA ETERNAMENTE. !VIVA PUNO! VIVA EL NOMBRE DE EDGAR VALCARCEL ETERNAMENTE.
Es un Semi-Dios para nostros los puneños.
Puso las buenas semillas que daran los mejores frutos.
Muy pocos quedan de la talla de Edgar Valcarcel, hombre que supo responder a la altura de las espectativas nacionales, es hora de que la juventud, comienze a reflexionar y nos den los resultados que nos dieron los mayores.
Mis condolencias a los deudos y a todos los punenos, por esta perdida, deseando que esta tierra nos siga brindando hombres ilustes como Edgar.
VIVA PUNO!
Y los frentes y movimientos regionales del Perú profundo, están ...
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