El barco ebrio: Vladimir Herrera: poesía sagrada



Escribe: Alfredo Herrera Flores* | Cultural - 09 ago 2009


Desde que en los primeros años de la década del setenta el lampeño Vladimir Herrera (1950) se fuera a España, después de publicar “Mate de cedrón”, se ha ido creando una suerte de mito alrededor de su propia historia y, más aún, de su poesía. Los amigos setenteros lo extrañaban y de cuando en cuando daban a conocer algunas noticias sobre el poeta puneño que, según algunos críticos que hablan despacito y no se atreven a contradecir el criterio llamado oficial, se había impuesto en calidad y originalidad a sus colegas de promoción pero como no estaba en el Perú no había que preocuparse por él.

Pasado el tiempo, Herrera habría de trabajar su poesía con alma de orfebre hasta lograr ser uno de los pocos poetas barrocos del país. En España se publica “Del verano inculto”, “Pobre poesía peruana”, “Kiosko de malaquita” y otras breves colecciones que circularon de manera íntima, en ediciones de cien o ciento cincuenta ejemplares, acompañados con grabados originales y en diseños que hacían del libro además un objeto de arte. En Perú casi no lo leían y algunos hasta lo habían olvidado, convenientemente.

La poesía de Vladimir Herrera está claramente marcada en dos etapas o partes. La primera es muy juvenil, aunque no inmadura, y se manifiesta en su primer libro, “Mate de cedrón” (1974) y la segunda va desde su segundo libro, “Del verano inculto” (1980), en el que demuestra una sorprendente madurez barroca. Estas dos etapas podrían denominarse también “del Perú” y “de Europa”, pues se sabe que Herrera se va a España a poco0 de publicar su primer libro y es allí donde su forma y estilos poéticos dan un giro que, en el futuro, el propio poeta hará entender que es el más importante.

En “Mate de cedrón” Vladimir Herrera sigue la corriente que los grupos literarios del setenta marcaron, especialmente con Hora Zero, muy de acuerdo al vértigo urbano que se venía imponiendo desde la década del sesenta. Lenguaje coloquial, versos quebrados, flexibilidad temática, referencias a ciudades y culturas orientales y occidentales, son bien manejados desde una perspectiva que los limeños dirían “provinciana” pero que en realidad es una perspectiva cultural andina muy culta. El propio título del libro, salido de un verso en que recuerda a la abuela lampeña, es un referente que llamó mucho la atención entre la cada vez más copiosa producción poética que se concentraba en Lima.

Las referencias de Herrera a la cultura andina son sutiles y audaces, no necesita ser directo: “Ya no somos los nuevos santos de otoño/ creciendo junto a las retamas/ Parte de tu mensaje/ lo que dijo la coca/ lo que calló la tierra./ La adivinanza de las hojas/ de coca sobre el sombrero/ no somos”.

A partir de su experiencia europea, Vladimir Herrera manifiesta una nueva forma de expresión, se acerca, no solo en la lectura sino en también en la concepción temática, a los clásicos españoles y al surrealismo y barroco peruanos. “Del verano inculto” es uno de los mejores libros del moderno barroquismo peruano, y con él el puneño se pone, otra vez, un paso adelante respecto a sus contemporáneos.

Lenguaje directo y depurado, metáforas contundentes, versos medidos a un ritmo lento y cadencioso, temática reflexiva, serán ahora las nuevas características de la poesía de Vladimir, sin que con ello renuncie a su cultura, esconda su pasado o deje de lado el uso de referentes andinos o peruanos. Puede notarse el legado de los poetas del siglo de oro español, del surrealismo de Westphalen, del barroquismo de Martín Adán y Lezama Lima, y el modernismo de Rubén Darío, y al mismo tiempo puede sentirse ese aire de nostalgia y antiguos recuerdos con que cargan los artistas puneños.

“De hojas enteradas el estío, de rosas el estrambote/ del soneto; de clases de estilo del viento: un ulular/ como una daifa estibada y en la senda la hondura/ hiperbólica dama cortesana ramera de honor testigo/”. Estos versos son la primera estrofa de “Góngora Lunarejo en oblicuo”, poema incluido en “Del verano inculto” que muestra la clara diferencia con la construcción de su primer libro. Más intenso es el propio poema que da título al libro: “Mañana extremada muerte demora ala de sombra/ En ojos de Rubén huido/ Sangre estrepitosa en retórico rosal oscuro…/” para terminar en un verso a lo Martín Adán: “Ya entonces Poesía era oscura como nada”.

El conjunto de su obra se publica luego en la colección de lujo de Tusquest, Textos sagrados, bajo el título de "Poemas incorregibles" y se pone en la misma fila de varios poetas que han oscilado en los extremos, la gloria y la oscuridad, la fama y la mesura.

Ahora, Tusquest celebra dos aniversarios, veinte años de la colección de textos sagrados y cuarenta de la editorial, y lo hace con una edición que, como toda antología, ya ha despertado controversia, aplausos y envidias. En esa edición consideran a Vladimir Herrera, y es el único peruano en esa mancha en la que también figuran por ejemplo, Carlos Bousoño, José Caballero Bonald, Vicente Gallego, Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006), Jorge Guillén, Juan Ramón Jiménez (Premio Nobel de Literatura), Virgilio Piñera, José Angel Valente, Ida Vitale, entre otros sagrados más.

La selección ha sido encargada a Andrés Soria Olmedo, catedrático de la Universidad de Granada y autor de las más interesantes y eruditas antologías de poesía española.

Vladimir Herrera volvió entonces al Perú y se afincó en Urcos, cerca de Cusco, y ahí está.

*www.lasillaprestada.blogspot.com


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