“Wiracocha: El Código en Tiwanaku y Machu Picchu”



Escribe: Liliana Quinto Laguna | Cultural - 24 nov 2013

Ricardo Bardales, autor del libro %u201CWiracocha: El Código en Tiwanaku y Machu Picchu
Ricardo Bardales, autor del libro %u201CWiracocha: El Código en Tiwanaku y Machu Picchu

Julio C. Tello en su libro “Wirakocha” (1932), ya señala que la cultura andina tiene una continuidad en cuanto a su ideología, con base al felino, esto lo podemos observar en los diferentes restos que hemos heredado de estas culturas, como Chavín, Paracas, Pukará, Tiwanaku e Inca. En la actualidad estudiosos modernos también acompañan esta teoría.

En los últimos años, escritores latinoamericanos (arqueólogos, antropólogos, historiadores), han relievado una característica peculiar del pensamiento andino, como es la dualidad y la cuatripartición. Asimismo, a través de la moderna disciplina “Historia del Arte” se empieza a conocer que muchas muestras de arte que nos han dejado las culturas originarias como en pinturas, esculturas, tienen una lectura, un mensaje, como lo ha realizado y demostrado la Dra. Iliana Godoy con la Cultura Azteca en su libro “Pensamiento en piedra”.

En 1988, Ricardo Bardales, ingeniero agrícola, docente universitario y aficionado a la fotografía, en una de sus visitas a Tiwanaku - Bolivia, con la finalidad de tomar fotografías en Tiwanaku y específicamente en la “Puerta del Sol”, para un libro de fotografías que tenía planificado publicar: “Wirakocha: entre Tiwanaku y Machu Picchu”, en una circunstancia de la causalidad y no la casualidad, acompañada de la llamada habilidad de serendípia (descubrimiento inesperado gracias a una actitud flexible hacia lo nuevo, hacia el valor de lo imprevisto) encuentra un rostro antropofelino (hombre-felino) desplegado, dual e invertido, con efecto seudoestereoscópico o seudoscópico (efecto visual que en el mundo occidental se le ha llamado falsa tercera dimensión), es decir que al invertir la imagen, el alto relieve se convierte en bajo relieve y viceversa y cambia la imagen. Esta modalidad de percibir la imagen con doble propósito le genera una inquietud especial, el afán por conocer su origen, su significado y la veracidad de la misma. Aquí es de resaltar, el conocimiento que tenía el ingeniero Ricardo Bardales de este efecto seudoscópico, ya lo había visto en la universidad cuando en el curso de Fotointerpretación le explicaron este efecto con las fotografías aéreas.

El Ing. Bardales decide seguir indagando sobre este tema paralelamente a sus actividades de docencia en la Universidad del Altiplano. Para tomar la decisión final de investigar hace consultas a especialistas de Perú y Bolivia, algunos lo motivan para seguir con esta investigación y hay otros con grandes títulos académicos pero mentalidades que las podemos llamar “cuadriculadas” con un pensamiento marcadamente occidental, que no llegan a comprender y no creen en la idea de que la figura ha sido realmente hecha ex profeso, entre otros factores por no haber tenido muestras semejantes y estar ajenos a la cultura andina.

Transcurrieron diez años, en cuyo lapso y luego de profusa investigación, con todas las fuentes bibliográficas posibles de Perú, Bolivia, Argentina, Chile, Colombia, México y otros países, visitas a diferentes museos y centros arqueológicos llega a encontrar diversos conocimientos iconográficos e iconológicos inverosímiles y todo ello a partir del efecto del reflejo de un rostro oculto en la Puerta del Sol.

Ahora podemos señalar que los sacerdotes y gobernantes de Tiwanaku, en su época de máximo esplendor dispusieron la construcción de un monumento en piedra que expresara con su propio sistema de lectura su ideología mágico-religiosa vinculado con la astrología, su religión y su cosmovisión.

Lo primero que se detectó al ver la fotografía de la parte central de la puerta del Sol fue dos medios rostros invertidos, que al unirlos aparecía un rostro antropofelino. La primera pregunta que surgió fue ¿Es verídica esta figura? ¿A quién corresponde esta figura? ¿Habían antecedentes en representar figuras desplegadas e invertidas?

Si la imagen dual e invertida es real, viendo la imagen central de la Puerta del Sol podríamos señalar que el personaje central de la “Puerta del Sol” el llamado “Señor de los Cetros”, está enmascarado y su verdadero rostro está oculto, se encuentra desplegado e invertido y corresponde a un antropofelino. Su diseño está vinculado con el efecto “espejo” y efectivamente para verlo hay que hacer uso de un espejo de agua, recurso muy utilizado en la época precolombina, especialmente para observar los astros y determinar fechas importantes.

ANTECEDENTES ICONOGRÁFICOS
Siguiendo las investigaciones, el Ing. Bardales llega a determinar que la figura invertida del “Señor de los Cetros” en tercera dimensión, composición de estos dos medios rostros duales e invertidos no es una figura aislada en el proceso histórico del territorio andino, encuentra que tiene una tradición ideológica sagrada vinculada con la dualidad, el mundo de arriba y el mundo de abajo, que viene desde miles de años, habiendo encontrado muestras evidentes de este pensamiento, con similares características en su representación, como la Estela de Raimondi de la cultura Chavín (Áncash) donde apreciamos que al girar la imagen en 180º observamos nuevos rostros, es decir la diseñaron también para verlas con doble propósito, lo que se le denomina efecto anatrópico.

Bardales, al seguir indagando sobre estos fenómenos iconográficos, encuentra otra muestra interesante en los tejidos Paracas, el “pescador antropofelino”, que en una posición se encuentra parado con un adorno en la cabeza, y que al girarlo en 180º cambia la fisonomía de la figura apareciendo un personaje boca abajo ahora con un gran rostro de felino con la boca abierta.

Una tercera muestra clave con similar pensamiento de la dualidad y efecto espejo la detecta en la cultura Pukará, en la Estela de Arapa-Rayo ( una parte se encuentra en la Iglesia de Arapa y la base de esta escultura está en el museo de Tiwanaku), donde se han diseñado cinco paños con dibujos geométricos y en el reverso se encuentran las mismas cinco figuras pero en posición invertida. En uno de los paños podemos observar un rostro de felino geométrico y su correspondiente efecto espejo, es decir que en la misma figura se ha diseñado la figura y su espejo, es decir se observan las dos figuras sin necesidad de verlo en un espejo de agua ni de dar la vuelta en 180º.

REPRESENTACIONES POST TIWANAKU
A partir de esta nueva lectura encontrada en el diseño de la Puerta del Sol, en la que se ubica el rostro dual, desplegado, se llega a determinar que existe una composición modular con presencia de otros símbolos sagrados, es decir el medio rostro (antropofelino), el escalonado, el espiral y la diagonal, localizados en dos rectángulos simétricos.

El medio rostro “lagrimón”, presumiblemente es el dios andino Wirakocha, el escalonado son los tres niveles de las escaleras laterales del podium donde se ubica el “Señor de los Cetros”, el espiral se constituye en el “germen” que aparece al interior de un recipiente cuadrado del Podium. La diagonal es la división de los espacios entre el medio rostro y estos dos símbolos.

Esta misma composición modular la encuentra Bardales en un tejido Wari-Tiwanaku, manteniendo su ubicación de cada uno de los símbolos pero cambiando la ubicación de los submódulos, seguramente con el fin de ocultar de alguna forma el origen de su diseño. El haber hallado esta composición en un tejido estaba convalidando y avalando indiscutiblemente la veracidad del rostro antropofelino dual e invertido hallado en la Puerta del Sol.

Lo impresionante de esta secuencia iconográfica que se va encontrando no sólo queda aquí, sino que Bardales encuentra la composición submodular de la Puerta del Sol (tercera dimensión) y del tejido Huari-Tiwanaku (dos dimensiones) en un complejo arquitectónico (tercera dimensión) en el centro de Machu Picchu, llamado Palacio Real o Templo del Sol. Mirando frontalmente el monumento se tiene la diagonal que es el diseño del ingreso al mausoleo, el signo escalonado labrado, al lado derecho y a su costado la doble espiral. Lo que faltaba era el rostro…Un solsticio de verano del año 2007 Bardales visita Machu Picchu para indagar si existía el símbolo pendiente, es decir el rostro, para completar Código Wiracocha, lo encontrado en la Puerta del Sol y el tejido de Huari-Tiwanaku; al tomar las fotografías siguiendo las características que utilizaban los pre incas e Incas para mirar las figuras en sus estelas, es decir con la iluminación solar tangencial…grande, muy grande fue la sorpresa, cuando al revelar las fotos verifica no sólo un rostro, eran dos rostros superpuestos, uno con ojos humanos y el otro con ojos felinos.

La “cosa” no quedó ahí… existía una curiosidad especial por indagar la roca superior que era “abrazada” y protegida por el torreón; lo primero visible que identificó Bardales fue un labrado del signo escalonado con tres niveles a la izquierda de su ingreso, Bardales la relacionó con la composición submodular de la Puerta del Sol y empezó a tomar fotografías desde la parte del frente y superior, donde existen hasta tres niveles con ventanas y hasta un balcón.

Grata fue su sorpresa cuando al hacer el ejercicio de la seudoscopía, ubica el rostro dual e invertido de la Puerta del Sol, es decir al voltear la fotografia encuentra los rostros superpuestos, uno con rostro antropomorfo y el otro con rostro antropofelino.

Es decir, en este complejo arquitectónico se encuentra esta composición en dos niveles, por un lado la vista vertical, donde se observa la pared curva del torreón, el signo escalonado, la diagonal y el rostro dual y por otro la vista horizontal en la que se observa la espiral, el escalonado, la diagonal y los rostros duales. Aquí aparece la interrogante: ¿A quienes pertenecen estos rostros?.

A MANERA DE CONCLUSIONES
Al encontrarse el código de Wirakocha tanto en la Puerta del Sol de Tiwanaku como en Machu Pichu - Incas, podemos deducir que existe una relación muy estrecha y en este caso en la representación de su pensamiento y su religión son similares, lo que nos estaría indicando que los Incas preceden de Tiwanaku y la máxima deidad se conservó y fue Wirakocha para ambas culturas. Lo que ahora podríamos señalar que estamos cada vez más cerca a que la leyenda de Manco Cápac y Mama Occllo se convierta en historia.

Si los símbolos sagrados de los Tiwanakotas encontrados en una estructura muy especial como la “Puerta del Sol” también las encontramos en Machu Picchu, símbolo máximo de los Incas, podemos señalar que ambas iconografías en su concepción tuvieron una cosmovisión semejante: Dejar en la piedra un mensaje para la eternidad, con un significado muy especial: el Código de Wirakocha, metafísicamente podríamos señalar que fueron resguardados por manos ocultas de las campañas de idolatrías en la época colonial.

Con el rastreo sobre la iconografía de nuestro maravilloso pasado histórico en Chavín, Paracas, Pukará, Tiahuanacu, Huari e Inca; en esta última, en una de las siete maravillas del mundo: Machu Picchu, se llega a la conclusión que existen antecedentes convincentes para señalar que hay una continuidad en el pensamiento religioso y la cosmovisión, vinculada con el felino, la dualidad y los simbolos del “Código Wirakocha” en el mundo andino, inclusive otras culturas como Caral, Recuay, Nazca, Moche, Mochica, otros.

También se comprueba que Machu Picchu por la peculiar planificación física, en una geografía difícil y el Palacio Real donde se ubica el llamado mausoleo y el torreón, se constituye en el templo de Wirakocha y ello debió ser el gran motivo de la construcción de Machu Picchu por parte del noveno inca Pachacútec, hijo del inca Wirakocha, quien toma el nombre del dios Wirakocha y le imparte la doctrina de este dios. Esto es avalado por las crónicas que señalan que Pachacútec para vencer a los chancas tuvo el apoyo del dios Wirakocha y lo favorece, es así que Pachacútec en el diseño de los rostros pone el del dios Wirakocha como el “Sol de Soles” o el “Sol Viejo” (solsticio de verano) y el suyo propio como el “Sol Joven” o “Sol Hijo” (Solsticio de invierno), convalidándose por la presencia de las dos ventanas en el torreón y que dejan ingresar el sol en los dos solsticios.

Ahora queda una gran tarea, la de descifrar el significado del mensaje que nos han querido dejar, estas grandes culturas de América y el mundo, que sin duda encierra el pensamiento andino.

Haciendo un esfuerzo de interpretación no acabado a partir de unir el significado de los íconos vinculado a la vida humana y del Código Wirakocha, se puede resumir: “es un flujo que nace del líquido vital (espiral, agua), iniciado con el germen de la vida, que busca llegar a lo trascendente Wirakocha, el ser ideal, debiendo transitar por los tres mundos (escalonado - tierra), recogiendo los atributos de la serpiente, el puma y el cóndor, con equilibrio, rectitud y verdad (diagonal)”.

Finalmente, es de destacar que en el proceso de la investigación del libro “Wirakocha: El Código de Tiwanacu y Machu Picchu, se ha hallado y se muestra otro tipo de información inédita de gran importancia para futuras investigaciones en diferentes campos, como la Historia del Arte, Arqueología, la Astronomía, la Arquitectura, la Ingeniería y la propia Historia, como por ejemplo:

  • Las “piedras cansadas”, de las canteras del volcán Khapía y localizadas a orillas del lago Wiñay Marca.
  • El rostro echado “K’otani Achachila” o “Abuelo protector” de la laguna de Wariwarani del volcán Khapía.
  • Las diferentes representaciones de la dualidad, incluyendo la ametropía (rostro humano-felino) en diferentes culturas.
  • La iconografía de la cultura Pukará.
  • El intiwatana de Machu Picchu, visto como una figura de un felino en tercera dimensión.
  • La “Gran estela de Pukará” como representación de un felino.
  • La indicación del solsticio de invierno en la Puerta del Sol a partir de la sombra.
  • La figura del Tumi y la sombra vertical del Señor de los Cetros de la Puerta del Sol.
  • Detalles constructivos en Tiwanaku y Machu Picchu.
  • Planteamiento iconológico de la figura central de la Puerta del Sol y la Estela de Raimondi.
  • Presencia del Código Wirakocha en la Estela de Raimondi, Línea Nasca, Estela Arapa Rayo, tejidos Wari, Moche y la Portada de Wirakocha ( Hayumarka o Caballo Cansado).
  • La presencia del felino en las iglesias del altiplano peruano-boliviano.

El libro ha sido editado por la Universidad Nacional del Altiplano - Puno, Perú; tiene 11 capítulos, 720 páginas y 1373 fotografías.

Saludamos a esta casa superior de estudios por el importante apoyo en la publicación y felicitamos al ingeniero Ricardo Bardales Vassi, docente de la facultad de Ingeniería Agrícola. Estamos seguros que este tipo de investigaciones y aportes contribuyen a motivar a más profesionales e investigadores a seguir encontrando respuestas a ese pasado que nos identifica orgullosamente como peruanos, para que la historia haga las paces con sus recuerdos.


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