El sexo nuestro de cada día: Desde Milett Figueroa hasta los escolares de Puno


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Escribe: Los Andes | Nacional - 03 may 2015

La banalización del sexo, en nuestra época, es algo muy común. Tal es así, que muchas parejas se graban teniendo intimidad, para su propio disfrute y complacencia. No obstante, esto termina por volverse aberrante cuando uno de los involucrados, conscientemente, decide publicar el video y hacerlo masivo. Así perjudicaron, al parecer, a la modelo Milett Figueroa. Pero eso no fue nada en comparación con lo ocurrido en Puno, donde tres colegiales se filmaron, sin miedos y morbosamente, teniendo relaciones sexuales a plena luz del día.

El sexo nuestro de cada día: Desde Milett Figueroa hasta los escolares de Puno
El sexo nuestro de cada día: Desde Milett Figueroa hasta los escolares de Puno

“Llámenos y haga su denuncia, las ‘líneas’ están abiertas”, dice la locutora de un programa radial, a las nueve de la mañana, como siempre. Inmediatamente después, luego del “Buenos días, díganos su nombre, de dónde llama y su queja”, una voz de mujer informa que los buzones de agua en su barrio han colapsado, y que ella y todos sus vecinos quieren que se tomen las medidas pertinentes. La locutora, identificándose con el asunto, agradece la llamada e insta a las autoridades a intervenir con prontitud. Suena de nuevo, entonces, el teléfono. Esta vez se trata de una voz gutural, carrasposa, indignada. “Las autoridades deberían echar de sus puestos a esos vendedores de DVD de la salida al Cusco, en Juliaca, pues sólo venden pornografía; y lo hacen, para el colmo, sin preocuparse si sus clientes son o no menores de edad”, refiere. “Muy amable por su llamada –responde la periodista–, seguramente el municipio y otras entidades han escuchado ya su protesta, por lo que verán el caso, a ver si esta venta es legal o ilegal”. Ante esta réplica, el varón deja oír un suspiro de decepción. Y no es para menos.

La denuncia de este poblador, es menester resaltar, cobró una importancia inusitada, no sólo por su carácter moral, sino también por sus implicancias sociales, luego de los últimos hechos registrados en el país y la región. Y es que pone en evidencia, sin máscaras de ninguna clase, que nuestra sociedad es una especie de “Judas” que vende su futuro a cambio de unas vergonzosas monedas. No hay pudores que valgan. Todo ha perdido ya, entre nosotros, su valor sacro y simbólico. Tanto, que no es en una clase de educación sexual donde los púberes encuentran respuestas para sus inquietudes hormonales, sino cualquier imagen o video que les indique qué cosas pueden lograr con su naturaleza. Ellos no quieren conocer, quieren hacer. Por eso, entre timoratos y nerviosos, visitan los stands donde se venden DVD y, ante la mirada disimulada del vendedor, pasean sus ojos por la sección erótica y pornográfica. Y compran videos. Y nosotros, los adultos, vendemos (o permitimos este tipo de ventas, que es lo mismo). De esta forma comienza una serie de eventos que, conforme pasa el tiempo, degeneran en reprochables y bochornosas situaciones.

Alexander Geks, probablemente, era un púber con muchos permisos y engreimientos. Quizás por eso sintió que tenía licencias para ver videos pornográficos. Y quizás por eso, cuando ya fue mayor y tuvo la primera oportunidad, se filmó teniendo relaciones sexuales con su ahora expareja, Milett Figueroa, que entonces tenía sólo 18 años (así lo confirmó el hermano y mánager de esta, Helmut Figueroa).

La razón por la que Geks grabó el video es sobradamente entendible: para satisfacer su libido. O para acrecentarlo, en todo caso. ¿Las razones de Milett? Tal vez las mismas que las de Geks. El hecho, en sí, no tiene nada de malo. No obstante, adquiere otro matiz cuando el video se filtra en internet y se hace público. Y se vuelve peor, si se presume que quien hizo esto es el propio Alexander, atendiendo a inexplicables impulsos. Como consecuencia, una interrogante obvia aparece: ¿Por qué? ¿Por qué perjudicar así la imagen de una persona? ¿Por despecho? ¿Por vanidad? ¿Por placer? ¿Por ignorancia?

Aunque la solución de estas preguntas no resuelva el daño ocasionado, revela en cambio importantes detalles en sus aristas. Por ejemplo, que Milett, en el video, tiene tan solo 18 años, y que (aunque ahora diga que no) consintió la filmación. ¿Qué nos indica esto? Que hay un grado de precocidad en el comportamiento sexual de nuestra juventud, que no nos toman en cuenta cuando les queremos enseñar algo sobre estos temas y que somos, para ellos, más un estorbo que una guía. ¿Cómo, pues, enseñarles? ¿Si, en apariencia, los adolescentes peruanos tienen sus primeras relaciones sexuales antes de culminar el colegio (y esto es algo muchas veces imposible de evitar), cómo instruirlos respecto del cuidado de su privacidad, de su propio placer y de su naturaleza más íntima, de modo que no se vean perjudicados en lo posterior?

El caso de Milett Figueroa, por otra parte, confirma también lo aceptado por muchos, aunque tácitamente: que la frivolización del sexo nos está banalizando y vulgarizando, y que a pesar de que aún celebramos el erotismo, vivimos más de la pornografía.

Pero si lo de Milett es penoso, es aberrante lo que pasó en Puno. Hace un par de años, tres estudiantes de secundaria del colegio María Auxiliadora, tal vez instigados por el desenfreno y la lujuria, decidieron escaparse a un descampado, donde dieron rienda suelta a sus instintos más vitales (digo “tal vez” porque no se sabe si lo que hicieron lo hicieron por placer o por jugar). Una señorita y dos chiquillos, en el video que luego se propaló por las redes sociales, tienen relaciones sexuales a plena luz del día, sin vergüenzas ni temores. La adolescente (que debe tener 15 años aproximadamente), permite que sus dos compañeros la penetren por turnos, de modo que no se detenga la filmación que hacen en todo momento. La señorita gime de placer, riéndose a veces, mientras que sus acompañantes disfrutan de la situación, mórbidamente. Lo escandaloso del asunto es que los tres visten los uniformes de su institución educativa, y que protagonizan la orgía como si no fuera la primera ni la última que tienen. Lo que sí es novedoso, es que esta vez están grabándolo todo.

Tras de hacerse público el video, las voces de alarma se hicieron escuchar, naturalmente, en contra de la educación de los jóvenes, de los principios que les inculcan los padres y de la influencia de los medios de comunicación y el internet. Pero, ¿culpa de quién es que estos tres adolescentes incurran en algo tan bajo, como filmarse teniendo relaciones sexuales a plena luz del día y quizás en horas de estudio, para luego publicarlo en internet? ¿Dónde y cómo alimentan su morbo? Las causas, de momento, son difíciles de distinguir, a diferencia de las consecuencias.

Mario Vargas Llosa, en su libro la ‘Civilización del Espectáculo’, lo dice mejor que nadie, quejándose a la vez de la pornografía: “Al igual que en los dominios del arte y la literatura, la desaparición de las formas en la vida sexual no significa un progreso sino más bien un retroceso que desnaturaliza la libertad y empobrece el sexo, rebajándolo a lo puramente instintivo y animal”. Y agrega, líneas más adelante: “Sacar al sexo de las alcobas para exhibirlo en la plaza pública es, paradójicamente, no liberalizarlo sino regresarlo a los tiempos de la caverna, cuando, como los monos y los perros, las parejas no habían aprendido todavía a hacer el amor, sólo a ayuntarse. La supuesta liberación del sexo, uno de los rasgos más acusados de la modernidad en las sociedades occidentales (…) podría contribuir a asestar otra puñalada al erotismo y, acaso, acabe con él”.

Efectivamente: estamos en retroceso. Ya no reservamos, ni para nosotros mismos, nuestra propia privacidad. Y no se trata de exhibicionismo (que los exhibicionistas son casi siempre tímidos y padecen de una parafilia sexual, psicológica); se trata de que somos tan vanos, tan superficiales, que nos excita más la imagen que tenemos de nosotros, literalmente, que la que proyectamos hacia los demás.

“Los chicos quieren ser protagonistas, y que otros chicos vean sus fotos o videos y digan: ‘¡Guau!, ha hecho eso’”, es el argumento preliminar que justificaría por qué los tres colegiales habrían cometido semejante barbaridad sexual, según la psicóloga Bertha Huallpa Bendezú, quien mencionó también que los medios de comunicación juegan un papel muy importante al difundir este tipo de informaciones. “En vez de modificar este tipo conducta de los adolescentes, se les está dando la posibilidad de que incurran en este tipo de conductas”, enfatizó hace unos días a este matutino.

Los adolescentes, según se ve, comienzan a vivir el sexo desde muy temprano. Quizás cuando son conscientes de que pueden comprar un DVD pornográfico, o de verlo a través de la red, en cualquier momento. O cuando se enteran, ya sin ruborizarse, de que el video íntimo/pornográfico de una de las modelos del momento (Milett Figueroa), a quien conocen por la TV, se vende por dos opciones en el mercado, sin ninguna clase de reservas: la de un minuto a dos soles, y la de nueve a quince.

Consultado por un periodista capitalino, un vendedor de “El Hueco” (Lima), le dijo: “Sí, tengo el video corto y completo, pero ven más tarde, el tombo me ha estado viendo. El video de un minuto cuesta dos soles; mientras que el video de nueve minutos, 15 soles”; otra vendedora, momentos después, le propuso: “Claro que tengo el video de Milechi (Milett Figueroa), se ve clarito y en 3D. Cuesta 20 soles para mis caseros”.

Indiferentes ante la situación de los adolescentes, ambos vendedores siguen sus vidas, ofreciendo, como si fuera pan, el DVD obsceno, quizás creyendo que así es el sexo nuestro de cada día.


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