Marcación del ganado: herranza 2011



Escribe: María Luz Crevoisier | Opinión - 13 oct 2011

Para nosotros es solo un punto perdido en el mapa, pero para Don Pedro el caserío de Jacalla ubicado en el distrito de Córdova, provincia de Huaytará, al sur del departamento de Wankawillka y que solamente él y sus comuneros saben dónde está, constituye su Pachaca, es decir su universo dentro de la concepción andina. Allí se hizo hombre como en el pasado se hicieron hombres los waris, ancaras, chancas, wankas y posteriormente los incas, pueblos que atraídos por la riqueza agrícola y minera de su suelo (el azogue les servía para pintar a sus ídolos, telares y rostros) se asentaron a orillas del río Siquisichaca.

La villa de Huancavelica fundada por el virrey Francisco de Toledo el 4 de agosto de 1571 y puesta bajo el amparo de la Virgen de las Nieves, fue tierra codiciada por los españoles debido a su riqueza minera. Pero no todo es mineral allí porque en el distrito de Córdova y en diferentes caseríos lo más importante es su ganado principalmente el vacuno y ovino. En Jacalla se celebra en agosto la fiesta de la herranza, rito que persevera en toda su esencia como en tiempos pres hispánicos habiéndose incorporado ahora elementos del mestizaje. La ceremonia que se hace también con los auquénidos está íntimamente ligada al rito de la fecundación.

Este año Don Pedro se puso doblemente contento pues le fue muy bien con su ganado que se multiplicó sin enfermarse y porque llegarían desde Lima su compadre y pariente Don Guzmán Medrano, natural de Córdova junto a su familia entre la que se contaría la Licenciada en Turismo Yenny Medrano Matos, vocera de esta gran fiesta que se inicia en la víspera, hacia la medianoche con la salida de su casa de los alfereces que esta vez fueron Don Félix Hernández Casavilca y su esposa Doña María Meza Espino hacia el corral de las vacas bailando al ritmo del tambor y la corneta y cantando en coro canciones de la hierra (esto se hace en toda la serranía como apunta el antropólogo José María Arguedas) y el Mayordomo lleva las ofrendas para agradecer al Huamani, cerro protector de los animales.

Después de realizar el pago vertiendo a la tierra vino o aguardiente, se da inicio al rito que consiste en hacer una especie de cama con ichu (paja seca) y poniendo el Llampo, que son polvitos de colores, blanco, rojo (macho), amarillo (hembra), además de hojas de coca verdes y enteras y cigarrillo Nacional, sin filtro tapando con más ichu y poniendo el candado que consiste en una piedra. El día dos, es el recuento y hierra del ganado. A las vacas medianas se les pone en la oreja cintas de colores guardándose las del año anterior para el recuento final. La marcación se realiza con un hierro caliente procediendo al casamiento de una pareja de terneritos cubriéndoles con una manta y poniendo de testigos a terneros mayores. El recuento final se efectúa acompañándose de wawakis al son de la tinya ambos interpretados por mujeres y el tambor hecho con piel de zorro o venado.

El tercer día es el recuento de los carneros y el cuarto el de sacar las cuentas reuniéndose los dueños del ganado en su casa con los pastores a quienes obsequian con la Mesa Puesta y exquisitos potajes donde abunda la carne de carnero y que se fue sirviendo en los días de la hierra.


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