Mujeres en política: Ausencia de liderazgo en Puno


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Escribe: Jhon Carlos Flores Vargas | Política - 29 jun 2014

En un país donde la primera dama Nadine Heredia casi goza las atribuciones del presidente de la República y Keiko Fujimori es una potencial candidata, parece contradictorio que en nuestra región se haya avanzado tan poco en materia de género. Aquí un rápido vistazo sobre el liderazgo femenino en nuestra región.


Los hechos lo demuestran; ninguna mujer ha estado, por lo menos, cerca de ser presidenta regional. Ilave, Puno y Juliaca jamás tuvieron una alcaldesa; en las presentes elecciones, de los 175 pre-candidatos provinciales, sólo ocho son mujeres; de los actuales 109 autoridades municipales solo una alcaldesa fue electa (Julia Mendoza en Potoni, Azángaro).

En la últimas elecciones municipales, según el reporte del observatorio de participación política de las mujeres, publicada por la ONG Flora Tristán, de las 893 listas presentados en los gobiernos locales y municipales, solo 31 listas estuvieron encabezados por mujeres, lo que representa 3.5 % de participación política. Ésta situación no parece ser distinta en las actuales elecciones.

La dificultad de los movimientos políticos se evidencia cuando las agrupaciones políticas buscan cumplir con la cuota de género (30% como mínimo) en sus listas de candidatos a regidores. En las anteriores elecciones, a pesar de la buena difusión que tuvo la Ley sobre cuota de género, existieron 13 listas de candidaturas que incumplieron dicha cuota.

Es común escuchar que los líderes de las agrupaciones políticas piensan en ellas como “candidatas de relleno”. En las últimas elecciones, según lo indica el citado reporte, el 90% de agrupaciones colocó a las mujeres en los últimos lugares, generalmente debajo del quinto lugar.

Si bien tuvimos representantes del sexo femenino en nuestro Congreso, está claro que nuestras congresistas fueron electas más por arrastre de los candidatos presidenciales que por sus propios méritos. Ninguna de ellas ha tenido presencia política importante luego de concluido su periodo como congresistas.

En suma, cualquier acceso de una mujer a un cargo importante dentro de nuestra región, parece un accidente. El liderazgo político femenino aún es nulo.

TODO EMPIEZA EN CASA

En un documento de trabajo del entonces Ministerio de la mujer y Desarrollo Social, señala: “Los roles tradicionales de género asignan a las mujeres actividades del espacio reproductivo (y menos valorado), mientras que a los hombres se les define en el espacio público (culturalmente más valorado)”. En ese sentido, Luz Herquinio Alarcón, jefa de la Oficina Defensorial en Puno, explica: “Se restringe la participación política de la mujer porque ella cumple funciones en su hogar que el hombre usualmente no cumple. Eso hace que se recargue su trabajo. Para una mujer, animarse a asumir un cargo cuando tiene que atender a los hijos, atender el hogar, es agotador. Tendría que dedicarse a tareas políticas luego de cumplir su jornada laboral y su jornada en la casa. Si quiere asumir una tarea política, se sumaría una tercera jornada”. De ésta manera, la sombra del machismo opaca a la mujer en lo político.

Nancy Rossell, exalcaldesa de la provincia de Carabaya, agrega otro punto: ”Los hombres tienen miedo a las mujeres líderes; entonces prefieren mantener a las mujeres de su entorno con un perfil bajo”. Ésta afirmación puede parecer un exceso de sensibilidad feminista, pero seguidamente agrega: “Cuando se trata de un varón, los problemas se arreglan en la cantina, pero con una mujer lo debes solucionar en mesa y no en mesa de cantina”. Por esta razón, explica: muchas veces las mujeres regidoras son más “hostilizadas” que los varones.

OPORTUNIDADES PERDIDAS

Se puede culpar al machismo o a otros factores, pero, generalmente, gran parte de la responsabilidad de un problema recae sobre las afectadas. Un caso significativo es el de Margarita Sucari, una de las ocho candidatas a un gobierno municipal, quien postula a la alcaldía provincial de San Román. Podría ser un caso elogiable de liderazgo femenino, pero su apetito por el sueldo ajeno es el mayor recuerdo de su gestión como congresista.

De las otras representantes en nuestro Congreso, no hay mucho que hablar. En muchos casos, su paso por el parlamento sirvió de material humorístico o como delicia noticiosa por sus escándalos. Lo importante, por razón negativa, fue que perdieron toda oportunidad de adquirir liderazgo político desde el congreso.

Siendo difícil para una mujer tener acceso a un sitio político importante, cuando una de ellas ha tenido la oportunidad de capitalizar poder político desde el Congreso, simplemente la desperdició.

En éste punto se revela mucho del machismo. Como lo observan, Luz Herquinio y Verónica Gálvez (Movimiento Manuela Ramos), las pocas mujeres que tienen o tuvieron algún papel político importante fueron examinadas con mayor severidad que los varones. Una equivocación o desliz de una mujer en política es más expuesto que los errores de un varón, según lo expresan.

LO QUE VIENE

Hablar solo de ocho candidatas no parece muy prometedor. Jeanette Zea, quien desde su posición de lideresa barrial adquirió notoriedad por su oposición a la gestión de David Mamani Paricahua, es una de las candidatas que arranca siendo al menos conocida por los votantes de la provincia de San Román.

La exalcaldesa de la provincia de Caravaya, Nancy Rossell, quien asumió la alcaldía por inhabilitación del alcalde electo, Augusto Gutiérrez, se perfila también como una protagonista en su provincia. Como presidenta del Comité de Gestión de la reserva natural Baguaja Sonene, ganó algo de protagonismo oponiéndose y sustentando lo perjudicial de la construcción de una central hidroeléctrica de Inambari.

En Huancané, la profesora Margarita Condori, es vista como una de las candidatas más fuerte a alcaldía. El candidato Walter Aduviri se apresuró en concentrar una alianza con ella para afianzar su influencia en el norte. Como tantas candidatas, es conocida por algunos méritos profesionales pero no políticos.

Por su lado, María Llano (Puno), Irene Carcausto (Azangaro), Yolinda Barrantes (Putina) y Marleni Andía (Putina), tienen una ardua labor para darse a conocer en las próxima elecciones. Cabe mencionar que tres de las ocho candidatas son parte del movimiento Alianza por el Progreso.

Es necesario mencionar que la mayoría de candidatas están postulando en calidad de invitadas. No existe un movimiento político regional o provincial liderado por una mujer. A la crisis del liderazgo en general, de ambos géneros, se suma la casi inexistencia de liderazgo femenino.

Queda la tarea de ofrecer propuestas no sólo sobre temas de género. Verónica Gálvez afirma: “Una de las cosas que no puede ser es que a las mujeres nos encasillen solo con el tema ‘mujer’. También estamos preparadas para poder atender el resto de la problemática regional; plantear proyectos para nuestra distrito, municipio y región”.

UN POCO DE HISTORIA

La primera participación política oficial de la mujer dice mucho sobre lo que pasó después. La votación y participación política femenina se instauró desde 1955 y no con el ánimo de reivindicar a la mujer. Era el gobierno de Odría y la intención era permitir el voto a las mujeres porque se pensó que ellas eran completamente conservadoras, sin embargo, en 1956 las mujeres votaron mayoritariamente por el candidato relativamente liberal, Manuel Prado.


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