La fiesta de la Candelaria y la búsqueda de su reconocimiento internacional


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Escribe: Edgardo Rodríguez Gómez | Política - 11 feb 2013

Sin duda, la iniciativa de diversas instituciones públicas desde el nivel local, regional y nacional, que han coincidido en sus tareas para hacer posible la candidatura de la Festividad de la Virgen de la Candelaria como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) es una buena noticia, no sólo para la ciudad de Puno, sino para el país.

Desde que tuve la oportunidad de enterarme de los avances en alcanzar dicha metagracias a un reencuentro generacional en noviembre en mi última visita a Puno, me hice partícipe del enorme entusiasmo y decisión para que se concrete un registro que dará sello internacional a una fiesta que se ha ido instalando, desde lo local, en el imaginario de participantes de todo el mundo; algo que ciertamente a cualquier puneño causa enorme emoción y que, en mi caso particular, superará la que recuerdo haber vivido en la navidad del año 2011, al ver los carteles de invitación a la Candelaria de 2012 en plena línea 1 del metro de París, compartiendo la foto en el grupo de Facebook, Puno. Ciudad de plata.

Por todo ello, la noticia difundida por este diario el 25 de enero, recogiendo las palabras del Ministro de Cultura en el lanzamiento de la fiesta en el frontis del ministerio del que ostenta la cartera, al indicar que se elevaría “pronto” el expediente a la organización internacional, demanda de la ciudadanía su cuota de compromiso velando por que la promesa se cumpla y ojalá en un par de años se obtenga algún favorable resultado.

No será, desde luego, una tarea fácil y es probable que se requiera de más de un intento para obtener el ansiado registro. Por ejemplo, apenas en 2010, la cocina mexicana tradicional cuyas exquisiteces puede uno saborear en ciudades de casi toda Europa fue incorporada en el listado de la UNESCO. En ese proceso participó la madre belga de una querida amiga originaria del país americano, encargada de la traducción del expediente al francés. En su experiencia no escasearon las frustraciones de iniciales rechazos. Algo similar ocurrió con la postulación de la Fiesta de los Patios en Córdoba, inscrita desde finales de 2012 tras haberlo intentado desde 2006, con criterios que han de ser muy semejantes a los de la fiesta puneña.

Además de los resultados que se vayan obteniendo, es muy saludable la coordinación entre diversas autoridades, desde la Municipalidad Provincial de Puno, el Gobierno Regional y el Ministerio de Cultura. Personalmente, me alegro por la labor de dos compañeros y amigos de promoción –personas menores de 40 años-, Paulo Vilca, desde su responsabilidad en la Dirección Nacional de Interculturalidad del Ministerio de Cultura, y Gary Mariscal, como Director Regional de Cultura. Estoy convencido por su trayectoria y formación, uno jurista con afición por la ciencia política y otro arquitecto convencido de una aproximación cultural en su profesión, de que su compromiso con Puno y susmanifestaciones culturales se profundizará y no escurrirán el bulto ante la exigencia que implica la búsqueda del reconocimiento internacional de una fiesta que ambos, como tantos puneños y puneñas, siguen disfrutando.

La tarea de la sociedad civil, y allí los conjuntos de danzas y la propia Federación Folklórica tienen un rol que jugar, junto a los ciudadanos, es demandar transparencia en la postulación y contar con la información al respecto. Ésta, por su carácter público,debe estar al alcance de cualquier persona interesada. Una primera tarea de vigilancia es que la promesa del “pronto” ministerial se cumpla, ya que los plazos para someter las propuestas ante la UNESCO son perentorios, siendo necesario tener asegurada la presentación del expediente hasta el 31 de marzo, para que pueda formar parte de la convocatoria de este año.

Hace falta también en el contexto peruano involucrar a la población local y nacional con el significado que tendría el reconocimiento de la festividad puneña, absolviendo preguntas frecuentes acerca de la importancia del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: ¿atraería más turistas?, ¿daría mayor publicidad a la región y al país?, ¿favorecería la obtención de ayudas internacionales?... Pese a la riqueza cultural peruana sólo aparecen en el listado del Patrimonio Mundial 11 sitios, estando pendiente el resultado del expediente del Lago Titicaca presentado desde 2005; por tanto, es aún deficiente el nivel de reconocimiento oficial internacional de sus activos culturales, y emprender en serio dicha tarea requiere, como en el caso del éxito comercial globalde la comida peruana, un proceso de involucramiento nacional. La fiesta de la Candelaria ya no es sólo de danzarinas y danzarines de Puno, es la mayor fiesta peruana.

Finalmente, la decisión ministerial de tomar en serio la fiesta presentándola en Lima y comprometiéndose con su internacionalización resulta al menos sugerente cuando en el escenario cultural, no sólo europeo sino también en el de cierta influyente elite de los países americanos, ha calado el mensaje del último libro del único Premio Nobel peruano titulado“La civilización del espectáculo”, quien lamentando el ocaso de la llamada “alta cultura” deplora cierta masificación que facilita que la cultura sea entendida como “todas las manifestaciones de la vida de una comunidad: su lengua, sus creencias, sus usos y costumbres, su indumentaria, sus técnicas, y, en suma, todo lo que en ella se practica, evita, respeta y abomina”. Para concluir que “Cuando la idea de la cultura torna a ser una amalgama semejante es poco menos que inevitable que ella pueda llegar a ser entendida, apenas, como una manera divertida de pasar el tiempo.”

Verificar cómo se vive y concibe la Fiesta de la Virgen de la Candelaria desde el contexto local religioso y su innegable carácter recreativo, requiere contraponerla a algunas ideas de Mario Vargas Llosa,crítico del fenómeno musical global de estos tiempos donde para él se renuevan “fiestas paganas dionisíacas que en la Grecia clásica celebraban la irracionalidad, ceremonias colectivas de desenfreno y catarsis, de culto a los instintos, las pasiones y la sinrazón.”

Hay algo de mágico religioso, para el literato, en el culto a “voces e instrumentos enardecidos que los parlantes amplifican hasta lo inaudito” y las grandes festividades populares de índole religiosa donde “el individuo se desindividualiza, se vuelve masa y de una inconsciente manera regresa a los tiempos primitivos de la magia y la tribu.”

Quienes vivimos la fiesta de la Candelaria sabemos perfectamente que no se trata ni quiere ser “alta cultura”, sin embargo expresa mucho de aquella amalgama que el escritor rechaza. Corresponde, por todo ello, encontrar en la justificación de la propuesta a la UNESCO los contenidos de su propia racionalidad, los valores intergeneracionales que es capaz de transmitir, la identidad o identidades que contribuye a elaborar y fortalecer. En suma, el carácter irrepetible y valioso para la humanidad de un encuentro no sólo musical que sólo se vive en Puno.


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