Museo Carlos Dreyer: Resguardando la historia y arqueología de Puno



Escribe: Jesús H. Mojo López | Cultural - 12 jul 2009

La primera impresión que tiene el visitante al ingresar a este silencioso y misterioso lugar, es la de un espacio deshabitado y olvidado, como si repentinamente fuera abandonado; pero una mirada mas profunda y desmantélasete, asistimos a un espectáculo extraordinario, en donde se mezclan historia, arqueología, recuerdos y olvidos, colores, tristes objetos olvidados, enormes y pequeñas rocas en el que se yerguen mirando a una eternidad asombrosos y misteriosos grabados.

El museo nos recuerda espontáneamente lo que los puñenos hemos ido olvidando u obviando, aquellos momentos de reluciente esplendor y tenebrosa desesperanza en el que vivieron los hombres que habitaron las esplendidas tierras del altiplano, en la que ahora nosotros somos activos realizadores de su historia; nos recuerda súbitamente además, lo vivido al que nunca nuestros ojos se asomaron a ver. Al ingresar, el visitante parece espontáneamente dar ese salto en el tiempo, retroceder en los hechos y en los momentos, para dar ese salto de pleno siglo XXI, a la era sedentaria, a las misteriosas épocas de incertidumbre, duda, tinieblas y desconfianza; a esa vida relegada en el que de una manera asombrosa se desarrollo la cerámica, la agricultura, la textileria, la lítica y sobre todo esa preocupación por la muerte -sino no seria posible hoy, observar la majestuosidad de las chullpas del Sillustani-.
Ahora, acompáñeme y recorramos imaginariamente los ocho salones de este museo, cada una de ellas mantiene un ambiente distintivo e inconfundible.

Salón Inca: Es la primera sala a la que el visitante tienen acceso, en ella se observan objetos de cerámica de las distintas culturas de nuestra patria, entre ellas están la Moche, Nazca, Chimu, Chancay, Paracas y, sobre todo mostrar objetos de esa grandiosa y enigmática cultura -de la que todos nos sentimos orgullosos- Inca; y es en este salón en donde se encuentra el lienzo mas grande de todo el museo, y es además de la autoría de Carlos Dreyer.

Salón Galería Lítica: En ella asistimos al espectáculo de las miradas eternas de las piezas que fueron labrados con una maestría inimaginable, allí se encuentran los monolitos de los sacerdotes de la cultura Pukara, y sobretodo recurrimos a la pieza lítica más enorme, en el que hay impresa un suche del Lago Titicaca, que es el símbolo mas representativo de esa cultura extinguida.

Salón arqueológico regional: La escultura de los reinos altiplánicos es la predominante en este salón, entre ellas podemos observar los trabajos de los Lupacas, Pacajes, Collas y Pukara; los tres primeros fueron reinos que fueron absorbidos por la cultura inca, muy a pesar de la incansable resistencia de los Collas.

Salón Sillustani: Las momias parecen ser la mayor atracción en este salón, ya que allí están con sus cuerpos descalabrados y tétricos, como esperando algún día escapar de sus mismas miradas vacías que se pierden en algún muro del museo, ello nos lleva a pensar y reflexionar cuan adverso e incomprensible puede ser la muerte, esa oscura actividad a la que todos los seres humanos nos dirigimos silenciosamente.

Salón pinacoteca: El arte se pone de manifiesto a través de la pintura -óleo sobre lienzo-, y recurrimos al espectáculo de los colores, cada uno de los cuadros nos recuerdan algún momento de lo ya pasado, callecitas de antaño, chullpas, momentos históricos para nuestro pueblo; todas estas pinturas inspiradas en la corriente indigenista que fue la predominante en el siglo XX.

Salón colonial: Aquí, se exhiben objetos de plata que datan de la época de la colonia, época del ocaso para la cultura Inca; la colección comprende: tupos, prendedores, anillos, y entre otros objetos que duermen sordamente, sin oír a los mandatos para que fueron labrados.

Salón de arte religioso: La religión se pone de manifiesto, recordando épocas de esplendor y a la vez épocas tenebrosas en donde el indígena era sometido cruelmente a adorar un dios que no era suyo; nos recuerda también épocas de cólera y desasosiego en donde la cruz representaba al sol, y Jesús a Wiracocha; los objetos que se exhiben son mayormente de plata, y la gran mayoría son cuadros de la escuela cuzqueña en pan de oro.

Salón Dreyer: El actual museo fue la casa de Carlos Dreyer, allí vivió muchos años de su vida junto a Maria Portugal -su esposa-. Dreyer al abandonar el Perú y regresar a su natal Alemania, donó su colección al estado peruano a través del museo de la nación; hasta hoy en el mismo museo de puede apreciar una replica de aquella carta enviada; la vida de Dreyer transcurrió entre la colección y el encariñamiento por nuestra tierra. En este último salón concurrimos a una portentosa exhibición de objetos de la era republicana; al ingresar parecemos ingresar inesperadamente en la habitación de un guerrillero, que abandono impensadamente sus armamentos, ya que allí observamos una serie de armamentos de guerra, petacas, y también el acta de institucionalización de la municipalidad de Puno; en medio de sables, pistolas, armas punzantes; y otras, aparece un delirante piano, que nos recuerda esa divinidad sin precedentes, ya que sin ella la vida no tiene sonidos.

El museo Dreyer es sobre todo esa aproximación a la vida pasada, en la que seres de antaño, al igual que nosotros vivieron en los mismos paisajes que hoy habitamos. Por eso; Juan Carlos Pizarro -director del museo- nos hace llegar esa afectuosa invitación a toda la población sin precedente de edades, a visitar el museo que esta entre nosotros, para que podamos observar y transcurrir entre objetos de antaño, las que alguna vez tuvieron un servicio, y que ahora coleccionados bella y laboriosamente esta a nuestro alcance, para que podamos visitar nuestro pasado, nuestras vivientes formas artesanales, en la que alguna vez quizá nuestras propias manos trabajaron.

Si alguna vez tenemos la oportunidad de visitar este prodigioso lugar, no nos contentemos con observar las curiosas formas de aquellos objetos, o estimularnos por un momento para en seguida olvidarlo; sino, pensar una y otra vez en lo que fuimos y podemos ser, sabiendo que tenemos un pasado cadencioso, y también un futuro que nos espera rutilante y armonioso; la vida y la historia son bellos sueños, y soñar por un momento visitando el pasado a través de este mueso es tan tentador como vivir, vivir otras vidas que no fuimos y que podemos ser.


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