Efraín Miranda habla de Oquendo, Churata y Nava*



Escribe: Los Andes | Nacional - 30 oct 2011

Estas semanas, algunas personas seguramente bienintencionadas, hicieron circular, tanto en medios escritos como por las redes sociales, que el poeta Efraín Miranda, de 86 años de edad, está desfalleciente y pereciente, terriblemente ‘abandonado’ por las autoridades, admiradores y muchos de sus amigos. Hasta da la impresión de un Miranda menesteroso. ¿Menesteroso de qué?, ¿menesteroso de comodidades y buenas atenciones?, ¿necesitado de compañía?, ¿tal vez de afecto?


Si antes no esperó nada de las autoridades burocráticas (insensibles y obtusos en lo que respecta a la cultura), ningún apoyo ni auspicio alguno; menos lo pediría ahora. Los verdaderos amigos, si es que lo son para Miranda, sabrán qué hacer, libre, concreta y sin aspavientos, así como lo impone la genuina y profunda amistad.

Los que hemos tratado largamente con el poeta indio, conocemos de su fortaleza moral a prueba de todo tipo de incomprensiones e indiferencias, no dando resquicio jamás a que los demás se compadezcan de él. En buena cuenta, nadie más que Miranda preparado para la etapa quizá más difícil de su fructífera y ejemplar existencia. Por lo que lógicamente esperará el final desenlace -convencido de ello estamos-, firme y estoico, así como ha vivido siempre, sin pedir nada a nadie.

Quizá avizorando que, más pronto que después, él mismo será materia de diversas interpretaciones literarias, filosóficas, sociológicas e interculturales; Miranda (uno de los imprescindibles de la literatura andina) da su versión e impresiones sobre la vida y obra de los otros imprescindibles: Carlos Oquendo de Amat, Gamaliel Churata y Dante Nava; comentarios que están contenidos en “Conversaciones con el Poeta Indio Efraín Miranda”, cuyo autor es Mario Mayhua Quispe.

-Carlos Oquendo de Amat representa un momento importante en la literatura puneña y peruana, ¿qué significación y trascendencia le da al poemario de Oquendo?

Es un gran poeta, es un verdadero creador, el que recibió muy poco de los ‘ismos’. Se le ha calificado de poeta surrealista, puede ser que haya sido; pero, lo importante es que él no convirtió al surrealismo del Perú en un surrealismo europeo o español. Él era una personalidad tan especial, tan suyo de él, que prácticamente yo no diría que era un surrealista.

-¿Quizá un vanguardista?
Un vanguardista legítimo, nacido y desarrollado dentro de la literatura peruana.

-¿En qué año tuvo contacto con la obra poética de Oquendo de Amat?
Entre 1964 - 65. Yo no conocía nada de Cinco Metros de Poemas hasta que no retorné a Puno. Aurelio Martínez me mostró el original, bien usadito, pero que él lo tenía como un tesoro, y ahí conocí los Cinco Metros. Es un libro, como se ve, revolucionario y en cada centímetro de esos metros aparece todo un estilo nuevo, un manejo nuevo del idioma, con mucha propiedad, que nadie le ha podido igualar, y que causó tanta sensación en Lima, que alguien me dijo: toditos estos escritores surrealistas, dadaístas, futuristas, que hay en Lima, son hijitos de Oquendo de Amat. (p. 77-78).

-Respecto a Gamaliel Churata (Arturo Peralta), uno de los grandes escritores puneños, ¿qué comentario puede hacer sobre su producción literaria?
He tratado de leer todo lo que me ha sido posible de El Pez de Oro. Es un libro que tiene muchas novedades en lo que es literario, en el valor literario que tiene el libro; no sigue el hilo de ningún tema, es atemático; porque al indio no lo podemos considerar allí como un tema, el indio allí es un ente vivo, es una entidad, es una identidad; él ha tratado de describirlo desde todo aspecto. Un párrafo dice una cosa, el siguiente párrafo dice otra, siempre va variando, pero no en torno a una idea central, en torno a un tema central, ésas son variaciones libres. Yo llamo al libro, por lo mismo que está escrito en párrafos, un libro parrafasista; porque nadie va a encontrar una continuación tras otra, de los párrafos; son muy independientes. Además de eso, su lectura se hace difícil porque no tiene continuidad, y emplea también una escritura castellana para expresar quechua y aymara. Algo muy propio de aquella época de los indigenistas, que ha durado y ha perdurado hasta con José María Arguedas y Mario Florián.

-El mencionado libro de forma y contenido surrealista, con muchas novedades, como usted lo dice, con muchas originalidades, ha sido considerado como un libro total, ¿qué opina de ello?, ¿verdaderamente es un “libro total”?
Se ha dicho que es un libro total; sin embargo, yo no podría compararlo con los dos probables libros totales europeos que son el Ulises, de James Joyce, y En Busca del Tiempo Perdido, de Marcel Proust. Los libros de Gamaliel siempre son cantos: cantos a la justicia, cantos a la libertad, cantos a la revolución; entre una cosa y la otra y la otra, es un hombre que trata de expresar lo mismo; pero varía en su posición, en su lenguaje, que eso es muy importante; no repite el idioma, ha tenido mucho cuidado de emplear también una serie de términos nuevos, un lenguaje nuevo, que nadie le ha podido imitar. El libro El Pez de Oro, por eso, es un libro que no se volverá a repetir; es un libro único, una joya literaria. Ahí no podemos encontrar un tratado de Sociología, un tratado de Filosofía, un ideario político. Se trata de una obra literaria de gran valor.

-Algunos lo denominan como la Biblia del indigenismo. Esa calificación le corresponde a Luis E. Valcárcel y no a Omar Aramayo, como algunos suponían. ¿Usted estaría de acuerdo con esa designación?
No. La Biblia es un libro muy bien organizado: tiene unidad porque es en torno a un Dios que se comunica con un pueblo; no hay eso en El Pez de Oro ni remotamente. Allí no hay ni una familia, ni una sociedad, ni un país; incluso, la cultura que presenta también es una cultura tanto mestiza o amestizada. La Biblia es un libro sorprendente donde da cuenta del origen del hombre, de la humanidad y de su porvenir; en El Pez de Oro nno hay tal cosa, no hay el origen del indio, ni su porvenir, ni lo que será su historia.

-¿Sería una especie de retablo que configura un todo?
Sí, puede ser un libro retablista. Yo le llamo más propiamente parrafasista, porque cada párrafo es completo, mantiene unidad, independencia, del anterior y del posterior; y no se aleja demasiado de la geografía, no se aleja demasiado de la cultura, no se aleja mucho de lo que podríamos llamar creación propia, ¿no?; y mantiene esos principios firmes que son el sostén de El Pez de Oro.

-“Parrafasista”, ¿utiliza esta palabra en el buen sentido o con alguna negativa intención?
No. En el mejor de los sentidos, en lo más noble que tiene Gamaliel. Cada párrafo es muy bueno, tiene muchas cosas nuevas, novedosas. Si alguien ha dicho que eso es retablo o el libro es retablista, también cabe la apreciación.

-¿Conoció personalmente a Gamaliel Churata?
Tuve la suerte de conversar con él alrededor de 1964, cuando vino de Bolivia, de años, con su hijo.

-¿Qué puede rescatar de él como persona?
Una persona erudita, de una magnífica expresión, siempre de calidad elevada; y siempre amable, a pesar de todo. Podíamos encontrar cierta hosquedad en su expresión, pero no era así. Era un hombre muy educado, muy cortés; era un hombre de otro nivel; nosotros no somos así por ejemplo, ni yo he pensado en ser así. Parecía una persona superior y que quiere ser un maestro; lo que él opina, lo que él dice, son convicciones netas, son convicciones legítimas, redondeadas. Entonces, hay que saberle escuchar, había que saberle escuchar. Él conservaba su persona, de ser, de hablar, como un presidente, como un ministro y, también, hablar como un humilde hijo de familia.

-Es conmovedor que haya fallecido en apuros, con problemas personales y en casi completo desabandono...
Sí, es lamentable. Fue un hombre que no buscó su posición, su seguridad personal, ni se acordó ni pensó en su vejez, y se olvidó de atenderse a sí mismo, o de guardar algo para el futuro. Ha muerto como muchos escritores.

-¿En qué circunstancias le vio por última vez?
Él murió en Lima, de manera que, en sus últimos meses, no he tenido ningún contacto con su persona. El contacto ha sido cuando llegó de La Paz a Puno. Lo primero que hizo es preocuparse de los intelectuales puneños, y alguien le dio mi nombre y me pidió mis obras; yo solamente tenía una, la que leyó con mucho interés, y de la que me dijo: “Salazar Bondy está equivocado, habla de que usted no es un hombre culto; usted es un hombre culto, porque un hombre sin cultura no puede producir un libro como ‘Muerte Cercana’. Es un gran libro, a mí me ha gustado mucho; habría que hacerle algún tipo de corrección y volverlo a publicar”, ésa fue la recomendación que me dio de mi libro ‘Muerte Cercana’.

-¿Tuvo alguna información de sus escritos de Choza?
Él sabía que yo escribía; pero no le mostré ningún poema de Choza, porque yo ya estaba en otro terreno. Y yo no quería comunicar mis ideas de ese tiempo, porque yo ya estaba convertido en indio, me definí como indio; y no sé cómo le habría caído eso, si yo se lo hubiera confesado.

-Respecto a Dante Nava, que radicó en Puno, que escribió “Orgullo Aymara”, que algunos califican como el himno emblemático de la raza, que un día nacerá el superhombre de progenie más pura, para que sepa el mundo lo que vale el aymara, ¿lo consideraría también usted como emblema étnico u Orgullo Aymara?
El poema es bueno; pero si se hace un análisis, se encuentra por lo menos allí a dos autores. Uno que hace el encabezamiento de un hombre que nace, nada menos que por efecto de la luz del sol, en un yunque, atendido por la naturaleza, ¿no?, por los vientos ventisqueros, por el agua tibia, en fin, es un hombre supremo, superior, porque el sol le hace directamente. Sin embargo, en la parte final, este hombre se convierte en nada, porque a él las mañanas le alegran, pero las tardes le vuelven pusilánime, sin voluntad. Dice: “las tardes me dan murria ¡murria!”. Sí, un término increíble; que a un hombre que fue creado por el sol y en un yunque, le dé pues murria. Eso está dicho por otro poeta y el final, peor, lo desboca al poema porque dice: cuando nazca el superhombre. Entonces, ¿quién es ese superhombre ya hecho por el sol? Esas contradicciones tiene ese soneto. Nadie lo ha analizado ni lo ha querido ver de otra manera; lo han visto simplemente como un emblema, como un himno de orgullo y, finalmente, si uno piensa en ello, no llega, no llega.

-¿Y qué opinión tiene respecto de los términos y el lenguaje que utiliza?
Usa un castellano intraducible al aymara. En el aymara no hay yunque, en el aymara no hay martillo, en el aymara no hay superhombre, y muchos términos que no conjugan con el aymara. No creo que haya ninguna metáfora, digamos, pensada en aymara y pasada después al castellano.

-¿A este poema también se le puede calificar de impostura, un poema usurpador de la voz y la palabra del aymara?
No, no es impostura. Es un lirismo de entusiasmo por el aymara, porque él ha vivido en zona aymara, y ha sido secretario nada menos que del doctor Quiroga, un abogado indigenista; puede haberse visto influido por ese hecho, y parecería que los primeros dos cuartetos son de este doctor Quiroga y, el final, que no concuerda por eso con los últimos dos tercetos, son de Nava. (p. 79-82).

-Volviendo al tema que hemos estado desarrollando, ¿usted conoció a Dante Nava?
No, en lo absoluto, no le he conocido. (p. 85).

(*) Extraído del libro conversaciones con el poeta indio Efraín Miranda. AUTOR: Mario Mayhua Quispe. De Venta en el CENDOC del Gobierno Regional de Puno.


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