Egipto: ¿voluntad popular o faraónica?



Escribe: Ignacio Pareja Amador | Opinión - 01 feb 2011

En últimas fechas, la notica que ha atraído la atención de los reflectores mundiales con mayor intensidad ha sido sin duda alguna lo referente a las manifestaciones en Egipto y el estado de caos y desequilibrio político que vive este importante país árabe.

Los ciudadanos egipcios han tomado la voz de la protesta para expresar su reclamo a un gobierno que ha sobrevivido a las distintas “olas democratizadoras” que se han vivido en el mundo, las cuales datan de finales de los ochenta, mediados de los noventa y comienzos del nuevo milenio, pues su actual presidente Hosni Mubarak ha estado en el poder desde 1981, sumándose su quinta reelección en noviembre del 2010, en un país que sólo ha tenido desde 1953, año en que se derrocó a la monarquía egipcia, cuatro presidentes.

El principal motivo por el cual Mubarak ha tenido la venia de Occidente y los países árabes para mantenerse en el poder ha sido que éste líder logró crear cierta estabilidad en un país cuya ubicación es estratégica para el mantenimiento de un equilibrio de fuerzas entre el mundo árabe, los africanos y los judíos.

Fue además un aliado importante de EE.UU, quien ha negociado financiamiento militar a cambio del mantenimiento de la paz en una de las zonas políticamente más inestables del planeta; en un país que fue de los precursores del movimiento antisemita en Medio Oriente y que se opuso a la creación de Israel en su actual territorio, que incluso lideró ataques a éste durante los sesenta y setenta, siendo el último episodio de conflicto la también llamada “Guerra del Yom Kipur” de octubre de 1973, donde el entonces presidente de Egipto Anuar El Sabat decidió que era mejor acercarse a Occidente y mantener la paz con Israel que seguir la línea soviética, pues el contexto internacional era de gran efervescencia como consecuencia de la Guerra Fría.

Pero esos eran otros tiempos, hoy en día Egipto es un Estado que exige el establecimiento de un orden democrático que no responda directamente a los intereses de potencias extranjeras, sino que velé por el mejoramiento de la situación de los más de 80 millones de habitantes con los que cuenta, quienes deben vivir con un ingreso per capita de 6,200 dólares, en un país donde de acuerdo con datos oficiales más del 20% de la población se encuentra por debajo de la línea de la pobreza.

Los disturbios hasta el momento han cobrado la vida de 125 personas y han dejado a cientos de heridos. Los jóvenes son el grupo que ha manifestado con mayor fuerza su repudió por la falta de tolerancia, pluralidad y respeto de la decisión de la mayoría a favor de un régimen que logró su permanencia gracias a su sumisión con EE.UU.

Ante la ausencia de control y de apoyo ciudadano hacia el presidente Mubarak, uno de los personajes que ha ejercido su popularidad y responsabilidad es Mohamed Elbaradei, quien cuenta con intachables credenciales al haber sido galardonado con el premio nobel a la paz en 2005 y fuera director de la Agencia Internacional de Energía Atómica. El carisma de Elbaradei nos hace pensar que este líder egipcio podrá organizar una transición política en paz, la cual se encuentra actualmente estancada ante la negativa del gobierno de hacer explícita la renuncia de Mubarak, quien ha cambiado de gabinete e impulsado una serie de políticas sociales para tratar de dar respuesta a un movimiento social cuya petición principal es la salida de éste.

En este sentido juzgamos necesario resaltar el papel que debe tener todo líder carismático a favor de la paz social. Egipto ya ha contado con grandes personalidades que han logrado conjuntar acuerdos a nivel interno, como el mismo Sabat o el gran Nasser, quien supo ser un líder representativo en el seno del grupo de los “no alineados” durante la Guerra Fría o Butros Butros-Ghali, quien fuera Secretario General de la ONU de 1992 a 1996.

Para hacer una transición democrática colegiada tanto Elbaradei, como los distintos líderes opositores al régimen actual deberán recurrir antes que todo al multilateralismo, o sea al apoyo de Organismos Internacionales que observen y procuren orden y concordia en la transición. De esta forma será muy importante el papel de los organismos regionales como Unión Africana o la Liga Árabe, los cuales tienen un margen de acción más amplio ante la “neutralidad” que ha mostrado Washington en el conflicto, quien puede ver esta crisis como una oportunidad para replantear su estrategia de acercamiento con esta nación árabe, poniendo atención en valores y principios universales como la voluntad de las mayorías, la rendición de cuentas y la transición pacífica del poder, algo que hasta la fecha ha dejado en segundo plano frente al objetivo de mantener la estabilidad de la región a cualquier precio.


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